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El papel trascendental de la mujer

Por: Redacción 12/09/2015

La mujer imprime en el mundo su especial inteligencia, una inteligencia envuelta en una gran capacidad de ternura. Ella tiene una creatividad y visión intuitiva que le permiten visualizar y analizar los problemas y localizar fácilmente dónde está la situación conflictiva. Sobre todo, la mujer tiene una fortaleza que la historia ha demostrado que es heroica.

¡Eso del sexo débil es un mito! La mujer es más fuerte que el varón. La prueba es que hay más viudas que viudos. Ellas aguantan más que el varón, física, mental, espiritual y emocionalmente. Solamente con la maternidad enseñan a los hombres lo que es tener fuerza porque llevar en el vientre una criatura, dar a luz y luego todo lo que significa la crianza del bebé y su desarrollo implican algo muy especial en el ser mujer que no tiene el varón.

Con la capacidad que tiene para manejar el dolor, nos damos cuenta del arte que es ser mujer. Y no solo por el parto. Cantidad de mujeres, que son madres y padres y que abundan en nuestro país, levantan solas a sus hijos demostrando su gran capacidad para soportar el dolor, resistir penalidades y no doblegarse ante nada. El aporte de este temple, esta fortaleza de la mujer en todas las áreas claves de la sociedad podría contribuir a que el mundo fuera mejor.

Hoy denunciamos el abuso constante de que es objeto no solo por ser mujer, sino por ser pobre, negra, india o campesina. La profanación y marginación, la humillación constante y el tomarla como una esclava, constituye uno de los grandes pecados de la humanidad.

La mujer es golpeada, verbal y físicamente, abusada, aún violada, por su propio marido; es utilizada en la propaganda y la publicidad para acaparar la atención del hombre, quien es el que todavía mantiene el mayor poder económico. En los prostíbulos, es manipulada, marginada y llevada a la total degradación. El cuento de que me dejo pegar, ultrajar y maltratar por mis hijos ha llevado a la mujer a recibir los peores castigos que un ser humano puede experimentar, desde la tortura psicológica hasta el más severo maltrato físico.

Este pecado es impresionante y todos tenemos algo de culpabilidad, unos por actuar y otros por callarnos. También tiene como aliada a la misma mujer, quien es cómplice a través de su silencio y sumisión porque ha adquirido el hábito de ser la que está en el segundo lugar.

Sabemos que la intención de Satanás es acabar con la mujer. ¿Por qué? Porque es eje de la familia y la sociedad. Es la que mantiene en la casa el ambiente de ternura, acogiendo en su corazón la vulnerabilidad, el cansancio, el agobio de su esposo, hijos e hijas, quienes luchan en la calle por la vida. Pero cuando están en la casa reciben la bendición de una mujer que también es madre. Entonces, atacar a la madre es destruir la familia.

Gran parte del problema se solucionaría si despertara y comprendiera, sintiera y creyera que es merecedora de todo el respeto porque es igual al varón en dignidad y esencialmente como ser humano y que las diferencias biológicas y psicológicas jamás determinan un segundo lugar. La mujer también necesita un encuentro con Cristo para aprender que es digna por ella misma y no es menos que el hombre. Ella debe comprender que los dos sexos son complementarios y que debe darse a respetar para ser respetada.

La mujer debe entender que ella vale por sí misma y sus atributos físicos deben quedar muy en segundo lugar. Su actitud no debe ser nunca la de utilizar la belleza corporal para cazar a un varón que la sostenga y la apoye económicamente en la casa, sino en la de prepararse bien, intelectual y académicamente para sostenerse ella misma. Si llega la oportunidad de realizar un buen matrimonio, bien, y si no llega, igual, porque ella posee un gran valor como ser humano.

La mujer que comprende lo que vale tiene que exigir respeto y no dejarse utilizar en los medios de publicidad de esa manera tan indigna y absurda, en la que jovencitas se prestan a las cosas más descabelladas para "realizarse" o ganar un poco de dinero. Tienen que ser las que se rebelen y no permitan que les hagan más daño y hasta demanden a las publicitarias, consiguiendo firmas y enviando cartas para que los productos en los que la mujer exhiba su cuerpo para que se venda no se compren. Las mujeres tienen que decirse a sí mismas: "basta ya".

En la Iglesia católica, para la gloria de Dios, hay miles de mujeres que asumen papeles importantes, heroicos y trascendentales en grupos de oración y apostolados. Han aceptado a Jesucristo como su Señor y Salvador, se han liberado de muchas cosas negativas y están dando la vida por Él, haciendo que la Iglesia católica en el mundo refleje la presencia de Dios y por medio de la Iglesia se conozca más a Jesucristo. A esas mujeres, mi homenaje y mi admiración y que Dios las bendiga a todas. Recuerden... ¡con Dios, somos invencibles!

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Viernes 31 de julio de 2026

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