El placer de la lectura
La inteligencia cultural y la espiritual se adquieren con lecturas de temas biográficos de personalidades universales que han contribuido con el progreso de la humanidad. Ayudan, además, lecturas de textos de historia, sociología, política, filosofía y otras de referencia a las ciencias humanas.
La lectura de ensayos se hace con intención de adquirir un pensamiento reflexivo y científico. En el mismo nivel se encuentran la lectura de imaginación: novelas, poesías y otras, cuyo objetivo es el entretenimiento y solaz, aunque muchas llevan a reflexiones profundas.
Con la enseñanza de lectura rápida no se aprenden los conceptos, no se captan, sino que se visualizan las frases y es lo que va al cerebro. Se echa a un lado la teoría de que las palabras tienen vida propia, emociones, y que individualmente significan muchas cosas, dependiendo del texto en que aparecen o la entonación que se dé al pronunciarlas.
Este sistema de lectura ahorra tiempo y es útil para leer informes, propaganda y otros, pero no se aprende para saber, solo para estar informado, con lo que se pierde el gusto por la lectura.
Uno de los factores que más han influido en la malquerencia del panameño hacia el tema político ha sido la prensa escrita. Mediante su lectura, se ha creído que todo lo publicado ha sido veraz, porque se le tiene fe y porque no se ha sabido leer con criterio de comprensión; entonces, de lo que se trata es de aprender a leer de manera comprensiva. Saber apartar la hojarasca.
Uno de los males de la educación es que carece de la enseñanza de un pensamiento crítico, lo que lleva a los individuos a creer que todo lo que se le dice es cierto, sin discernir lo verdadero de lo falso. De esta carencia sale la teoría del papagayo que todo lo repite sin saber de qué habla. Se vive intensamente una vida de bochinches, que se convierten en escándalos sin evidencias, dañando reputaciones que luego son difíciles de reparar. Las redes sociales son las máximas difusoras de lo antes dicho.
De las redes, dejo claro que no estoy en contra porque han logrado algo que se había olvidado, el estar en comunicación con otras personas. No soy partidario del mal uso que se hace de ellas, a saber: pornografía, bajezas, ofensas e insultos.
Se promueve la lectura de manera incorrecta, no se enseña a discriminar una buena lectura de una mediocre; una lectura que permita que el lector aprenda a discutir con el autor y sacar provecho de lo que este expresa, a encontrar lo sustancioso de la obra; eso mismo sucede con lo que se escucha transmitido por los otros medios de comunicación verbal cuando su mensaje es negativo y constante y si no se sabe distinguir la buena noticia de una mala, se distorsiona el mensaje y se graba en la mente, permaneciendo en ella lo pernicioso.
Una alegoría en el sentido de cómo marca una noticia negativa es la siguiente: Tomar una hoja de papel en blanco, doblarla por la mitad, volverla a doblar, así varias veces y por último arrugarla hasta dejarla inservible. Mientras se ejecuta la acción se habla mal de la hoja, como si fuera una persona. Después, tratar de revertirlos para volver la hoja a su estado original, hablando bien de ella y darse cuenta de que es imposible.
Asimismo es la mala noticia y la mentira. Luego de difundida no puede ser recogida. Es como leche derramada, o arena esparcida. Aunque trate de recogerlas, siempre quedan residuos.
El panameño es inteligente, le gusta conocer y saber, y para eso le gusta leer, empero no sabe leer calidad, sino cantidad, porque eso es lo que se promueve: leer y leer. No se le ha enseñado cuáles criterios utilizar en la lectura. No saborea una buena lectura porque le han dicho que mientras más libros lea es bueno, es señal de cultura. Lo han convertido en consumista de libros. No se enseña el círculo hermenéutico de la lectura.
Hace unos años se hizo un acto público de lectura del Quijote para ver en cuántas horas se podía leer, con la participación de estudiantes de diversas escuelas, el mérito que ponderaron fue del tiempo que tomó esa acción, nunca se preguntó a los estudiantes si entendieron o gozaron su lectura, eso es perder el tiempo y llenar la cabeza de aire.
Hay personas que se burlan del panameño porque no robó librerías durante la perversa jornada del saqueo del 20 de diciembre del 89 y pregunto: ¿Hubieran cargado, esos burlones, con muchos libros sin saber qué títulos llevaban? ¿Alguien entra a una librería como quien entra a una heladería a pedir un barquillo y ya? ¿No se detiene esa persona, si sabe leer, a hojear los títulos, los índices y un resumen? Aparte de la inmoralidad del saqueo, hasta en eso el panameño fue inteligente. No robó libros por robar.
Profesor