El poder como eje de las contradicciones
Los últimos acontecimientos, relacionados con la ruptura de la alianza de Gobierno, vienen a dar cuenta de que al interior de la estructura que administra el Estado se venían suscitando graves contradicciones, cuyos ejes se centraban en hegemonía y temas centrales relacionadas con el poder. Para un estudioso de la política, la ruptura se veía venir, la lucha interior para definir quién, desde las interioridades, proyectaba hacia fuera el real poder.
Lo anterior lo expresó claramente el actual mandatario cuando días antes, en un canal de televisión, manifestó que el problema de Varela era su falta de definición. A mi juicio, entiendo por esto, su no lealtad a apoyar temas de agenda, no de Estado, sino del partido del presidente, como lo es la segunda vuelta.
No perdamos de vista la distinción que se hace en la teoría del Estado; una cosa es el gobierno formal y otra el gobierno real. Lo anterior quedó en evidencia cuando se puso al descubierto las fuerzas de poder económico que, tras bastidores, estaban en el negociado del terreno de Paitilla.
Me inclino a pensar que el Gobierno, ahora en soledad, abortó la crisis con el cálculo de que era conveniente y no en la antesala de las elecciones de 2014. El presidente juega un juego muy peligroso y apuesta a reconstruir un nuevo tipo de alianza, todavía no claramente esbozada; por ahora le queda como base de sustentación, el círculo de empresarios, insuficiente sobre todo ahora que se amplía el marco del disenso.
Un nuevo escenario se monta, lo que abre un periodo nuevo de reformulación y acomodo, que inclusive alcanza al propio poder económico del país. En ese sentido, la realidad nacional entra en un momento de afectación del equilibrio de la gobernabilidad.
La situación, a pesar de los aduladores del poder, se le presenta complicada al Sr. Mandatario, construir una nueva correlación de fuerza no resulta fácil, sobre todo cuando la política de puentes y mediaciones sociales ha sido muy limitada. Existe mucho malestar en los escenarios de los disensos.
Lo de la alianza con el pueblo es muy abstracta, esta en política debe traducirse en pactos y compromisos con los nuevos actores o fuerzas sociales, pero esta política también implicaría poner en cintura o distancia a algunas fracciones del bloque o fracción del capital, que reniega de la democracia y las relaciones con el pueblo. ¿Tendrá el presidente la voluntad para impulsar estas nuevas correlaciones? Tal como lo señalamos, la situación política del país pende sobre una línea muy frágil.
