El poder de la empresa privada
El próximo jueves 31 de marzo, la Cámara de Comercio, Industria y Agricultura de Panamá celebrará sus elecciones anuales para escoger su nueva Junta Directiva. Año tras año, como resultado de este ejercicio gremial, se renuevan las bases directivas de la organización empresarial más importante del país. Y a pesar de que no es nuestra intención destacar las contribuciones de ninguna empresa o empresario en particular, es imposible desconocer el significado histórico y el papel actual que juega la Cámara de Comercio de Panamá en el devenir de los asuntos del país.
Igualmente, nos parece importante reflexionar en esta coyuntura sobre la función empresarial tan indisolublemente ligada a la actividad laboral y al progreso de Panamá. En los últimos años, primero con la caída de la dictadura y luego con la disminución del poder del Estado, la influencia, el peso y la preponderancia de la clase empresarial ha ido en aumento. Esto se ha debido además a la llegada de capitales extranjeros, la globalización de los mercados y la privatización del sector público, a través de la venta de las empresas estatales o del uso de concesiones a privados para realizar las obras de infraestructura requeridas.
Panamá, al igual que la mayoría de los países desarrollados del mundo, depende de una empresa privada sólida y beligerante. Históricamente, la empresa privada ha sido el motor de la economía nacional, y su participación es determinante en el logro de los objetivos estratégicos y en la consecución de las altas tasas de crecimiento. Y aunque las empresas son células principalmente de naturaleza económica, también contribuyen a conformar el perfil social del país.
La empresa privada panameña está tan insertada en la sociedad y en la agenda productiva nacional que, además de promover la competitividad y productividad del país, influye en la construcción y consolidación de la democracia, y coadyuva en garantizar la paz y el orden cívico y moral de sus ciudadanos.
Desde temprana edad fui llevado por mi padre Melena y mi hermano Edgardo a participar de las actividades de la Cámara de Comercio, y he estado siempre comprometido en contribuir a fortalecer el gremio y reforzar el papel del sector privado como motor de crecimiento, y considero que el punto focal de los empresarios es la creación de empleos que da solidez al crecimiento de la economía.
En ese sentido, hemos cumplido a cabalidad con nuestra responsabilidad social, la cual puede entenderse también como una inversión más del capital, con un retorno perfectamente cuantificable. Y es allí donde la Cámara de Comercio de Panamá se ha convertido en una institución de enlace entre el Estado y la empresa privada como organismo promotor y consultor de la actividad económica del país. Para nadie es un secreto que más del 85% del empleo formal en Panamá se origina por iniciativa de la empresa privada y que su contribución al crecimiento del PIB es más que esencial.
Resulta un error de cálculo imperdonable cada vez que los gobernantes y políticos intentan apropiarse del buen estado de la economía nacional, como si la misma se debiera a sus medidas pasajeras. Muy bien lo expresó el presidente Endara en 1994 cuando, en vísperas del cambio de gobierno, señalo que el éxito de su administración se debió al trabajo y a la confianza de los empresarios que habían apostado por invertir en Panamá, luego del saqueo del 20 de diciembre de 1989.
Estoy orgulloso de ser panameño y pertenecer a la Cámara de Comercio de Panamá. Y desde allí he visto, con el pasar del tiempo, cómo los gobernantes y políticos, cada vez que la escuchan y consultan, aprenden y toman mejores decisiones. Porque la empresa privada panameña, a diferencia de ellos, no se proyecta en base a un quinquenio ni a un horizonte cortoplacista; muy por el contrario, nuestra meta como empresarios es producir bienes y servicios para el beneficio de todos en el país.
