¡El poder de la esperanza!
Definamos antes lo que significa esperanza desde concepciones varias. Ejemplos: "Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos". Para la teología cristiana, "actitud de espera confiada sustentada por la fe y fortalecida por la caridad; es como estas dos, una de las tres virtudes teologales, por la que el hombre espera en Dios con firmeza que le dará los bienes que le tiene prometidos".
Alimentarse uno de esperanza es lisonjearse con poco fundamento de conseguir lo que se desea o pretende; dar esperanza o esperanzas, a uno, vale decir, darle a entender que puede lograr lo que solicita o desea.
También se habla de la esperanza de vida como valor e índice demográfico que, a partir de cálculos minuciosos de los datos sobre la mortalidad de una población, define las posibilidades de vida.
Se ha dicho, pues, que la vida de todo ser humano se define por sus esperanzas y visiones. Hombre o mujer que pierde la esperanza es como si hubiese dejado de existir. Las personas a quienes todos los bienes del mundo se les han brindado, sin que nada les falte ni de nada haya menester, son como aquellos a quienes Dios los ha privado de todo, sumiéndolos en la más profunda abyección, desalentándolos de toda esperanza; en ambos casos los seres humanos tienden a dejar de estar motivados a luchar por un propósito determinado, mengua el entusiasmo, y se apaga la chispa de la vida, como si hubiesen dejado de respirar, aunque aún no hayan muerto.
La vida se manifiesta en actos y no hay acción sin esperanza, sea atesorar riquezas o placeres, sea alcanzar honores o procurar la felicidad de los semejantes; pero sin esperanzas, el acto se desvanece y la vida se acaba.
Existe, sin embargo, una diferencia entre las personas desposeídas y las personas a quienes la vida se les hace insostenible por obra de la sociedad, y es, a saber: que en los indigentes, a pesar de su infortunio y desesperación, se infiltra de cuando en cuando en sus corazones un atisbo de esperanza, siquiera en lo providencial, que pudiera devolverles las ansias de vivir; en cambio los otros, cuya desilusión proviene del hastío, jamás pueden hallar remedio.
El dinamismo de una nación se agota si la llama de la esperanza no alienta su espíritu.
Todo pueblo ambiciona engrandecer su país, acrecentar el poder de su Gobierno, aumentar la riqueza del Estado, afianzar la cultura, su saber y sus artes; y estos, con tantos otros elementos, forman el conjunto de anhelos y esperanzas que animan a un pueblo, le dan unidad y cohesión nacional.
Mas si a un pueblo se le diera la posibilidad de alcanzar la cumbre de sus aspiraciones, la plenitud de sus anhelos colectivos, sin que nada le quedara por apetecer, bien pronto acabarían por relajarse sus lazos de unión, cada cual pensaría en su interés egoísta sin inquietarle la suerte de su semejante, y el pueblo terminaría autodestruyéndose.
No ocurre, empero, lo mismo si, aun en medio del infortunio, perdura un soplo de esperanza en el corazón del pueblo; en estos casos, los pueblos no mueren, porque nadie perece tan solo por el efecto de la mucha fortuna ni por la mucha desventura; ni aun envolviéndole todas las desdichas juntas puede desaparecer un pueblo que sabe conservar viva la sagrada llama de la esperanza, pues es entonces cuando la unidad de la nación se vigoriza y el poder de la autosuperación se acrecienta. ¡Conciudadanos, siempre amanece otra vez!
Hoy, como ayer y mañana, los panameños todos sabremos mantener viva esa ardiente llama en nuestros corazones ?a pesar de las desdichas y de los malos gobiernos que históricamente hemos padecido? para seguir la ruta del bien común y de la justicia social, educando con la acción moral de la prédica pura, sincera y con el estímulo del ejemplo cívico edificante.
¡Nos mantendremos firmes y fieles al mandato del pueblo con la expectación alentadora de que en los tiempos venideros, la misión de gobernar domine a la ambición de poder!
Pedagogo, escritor, diplomático.