El poder de los que iluminan
Antes (y decir antes no es hacer referencias a muchos años atrás, es simple y sencillamente recordar hechos y circunstancias de poca data), cuando se anunciaba que el precio de la energía eléctrica no subiría, la noticia nos causaba jolgorio, regocijo. Lo cierto es que los costos de estos servicios que, otrora eran públicos y que ahora se encuentran en manos privadas, están por las nubes. Contratas con una empresa, otra te instala el servicio, otra te cobra o factura y otra es la que te corta el servicio. Pero nosotros pagamos a todas. Los que tienen el servicio en sus manos, que tienen este “poder de la luz” o “poder de iluminar”, hacen lo que se les antoja.
En cada hogar de este país, conforme a los ingresos de cada cual y conforme a su nivel o estilo de vida, dejamos en manos de estas empresas no menos del 15 o 20% de nuestros ingresos y “todo para ser iluminados” y no quedar “a oscuras”. Luego de los sesenta días, si no hay pago, no hay excusa válida, llegaron a cortar “y punto”. Conozco de hogares en donde el servicio de la “iluminación” se lleva casi hasta el 30 o 40% de los ingresos familiares. Y que no se diga que “el que quiere celeste que le cueste”. Menos en un país, como opción, en donde tenemos ríos a montón que bien pudieran darle energía eléctrica a esta nación y hasta venderla a naciones extranjeras, todo es cuestión de voluntad política. Los estudios que a lo largo de los últimos años se han hecho así lo indican.
Pero bueno, ahora se nos anuncia que el costo de la energía eléctrica, el servicio, no aumentará. Será una buena noticia realmente? No lo creo, no es lo que esperamos los panameños y panameñas, sobre todos los sectores más golpeados económicamente y en donde la prosperidad doméstica o la hogareña nunca llegan. Habría sido una buena noticia si, contrario sensu, se nos hubiese anunciado que bajaría el alto costo de este ¿servicio? en el país.
Creo que estamos siendo expoliados con el alto costo del fluido eléctrico. Enmarañados en un lenguaje de tecnicismos: contratación, facturación, distribución, producción, etc., de esta energía, y argumentados que si la cláusula de combustible y otros tantos cuentos, nos llevan de golpe en golpe.
Por ello, conceptualizo, sin despotricar, salvo alguna reservas, lo de los muchos proyectos en las infraestructuras para el país, que debe haber pleno derecho, materializaciones concretas, al bienestar de los panameños y panameñas, en cada hogar, y ello, sin duda alguna, implica una mesurada lectura de la justicia social y de sus componentes que alertan una catástrofe de la pobre gente pobre de esta nación.
