El político hiena
Estudios revelan que la hiena tiene la mordida más poderosa de todos los mamíferos. Pero irónicamente, esa mandíbula de hiena prefiere triturar lo muerto, que cazar lo vivo. De costumbre carroñera, solo caza ocasionalmente, prefiriendo consumir lo que otros han dejado o disputar el derecho de presa ya cazada con los otros animales. La hiena tiene una forma que en sí misma enuncia su sórdida predilección hacia lo que ya se ha ido. A pesar de ser perezosa por naturaleza, se ha convertido en un éxito sin duda de la evolución; en una pieza que tiene su lugar dentro de engranaje complejo, salvaje y natural.
Sorpresivamente, hay quienes en forma abierta manifiestan también estas sórdidas tendencias en política. Valerosos a la sombra de la manada de sus pares, parecen hacer fiesta de miseria ajena; o esperan la caída de otro para atacarlo ferozmente. Asechan en forma hambrienta cualquier síntoma de tambaleo para entrar al ruedo. Son feroces en el ataque, pero solo cuando se les da la espalda. No buscan conflicto, sino que viven del despojo fétido que va quedando atrás de cada lucha valerosa. Tantos hay en ese entorno que salivan ante la perspectiva de dañar. No meditan, pero sí piensan con su entraña prolongada siempre, órgano que los regenta. Su religión es digerir, su estrategia es la pausa inerte que intuye y observa la oportunidad que le da el caído. En términos figurativos, piensan en el almuerzo, mientras están tragando el desayuno. Vociferan y se burlan, pero nunca de frente. Animales de manada, solo en el anonimato encuentran su valor. A veces, al escuchar sus insultos, se piensa verdaderamente si son miembros de una sórdida jauría o de la moderna sociedad.
Abogado