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El político pavo real

Por: Redacción 24/04/2017

Dicen nuestros campesinos, cosa que a mí no me consta, que el árbol de guarumo es hueco por dentro. Hace gran despliegue de fortaleza exterior y se eleva alto y destacadamente; pero está vacío por dentro. La naturaleza ha dispuesto que muchas cosas sean, en apariencia, lo que no son. A veces, esta mimetización la adopta el organismo para protegerse así mismo, siendo, pues, un éxito en la cadena evolutiva; tomemos por ejemplo, la “erytrolampus ssp”, nombre científico de la falsa coral. Para el ojo inexperto, y hasta para el experimentado ojo de la propia naturaleza y su cadena de alimentación, la falsa coral es tan peligrosa como la serpiente a la que mimetiza. Así, esta imitadora amenaza con un veneno que no tiene. Ese despliegue, sin embargo, no resulta a veces del instinto evolutivo de conservación, sino por un ansia de abultarse, de inflarse, de acrecentarse a sí mismo. Por ejemplo, todavía no se ha descubierto más razón que despliegue básico de apareamiento al espectáculo de la cola del pavo real. Un enorme y vistoso abanico engrandece, en apariencia, al macho ante la proximidad de una hembra. Sin embargo puede uno de inmediato concluir las desventajas de ese lujo, al confrontar el mismo con el medio ambiente en donde debería esta ave vivir en forma natural. Su propia supervivencia estaría en riesgo cada vez que un llamado de apareamiento lo hiciera desplegar esa enorme cola, en medio de cientos de depredadores que están más que vigilantes en busca de su presa.

Pero no nos corresponde a nosotros cuestionar el porqué lo impráctico en la naturaleza, sino más bien hacer una comparación entre especies: algunos políticos y algunos animales. Hay tantos que parecen pavorreales. Ya sea por un constante complejo que los hace olvidar su humilde origen; ya sea porque deben recurrir a un despliegue verbal de la palabra para esconder alguna falta; ya sea porque quieren rechazar con su conducta todo lo que pudiera identificarlos con la masa misma que, por medio de su voto, los ha puesto allí. Todos los motivos son, al fin, superficiales y vacíos. En nuestros países, los despliegues excesivos, los distanciamientos infranqueables entre la conducta colectiva y la individual, la falta de capacidad para adecuarse a comprender las realidades que muchos no vivimos, va gestando este tipo de políticos. Son lo que no son; se alejan de sus raíces; carecen de patriotismo al adoptar maneras que, a veces, son foráneas. No enseñan, pero tampoco aprenden. La superficialidad los caracteriza.

Es por eso que los puntualizo por lo que son; pavorreales, viviendo una vida que se aleja de la vocación que alguna vez tuvieron. Son y los hay por miles. Olvidan que un hombre, dedicado a lo que sea, debe ser fiel a sí mismo y no cambiar nunca. Esta suerte de político adopta siempre una distancia con el pueblo; no lo entiende, porque deja eventualmente de ser un padre, un esposo, un hijo o un ciudadano. La política lo ha envuelto con en mortajas superficiales, con lujos, con tratos señoriales, con despliegues que, en vez de acercarle al ciudadano, terminan por alejarlo. Son como momias que no se saben aún amortajadas. Advenedizos terminan casi todos. Dieron el timón a cambio del chofer; cambiaron el vidrio teñido por la ventana abierta. Y en ese despliegue innecesario y, hasta ofensivo a veces, abandonan, en esencia, lo que son por lo que no serán jamás.

Abogado

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