El político serpiente
De las 3000 especies de serpientes que existen en el mundo, solamente un 25% resultan venenosas. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo de aquellos políticos que comparten claras similitudes con estos reptiles. Sangre fría, sin duda, pero no porque también en ellos lo sea, sino porque su ser interno está completamente despojado de cualquier sensibilidad social. Nada los llama a la conmiseración, nada despierta en ellos la identidad fraterna. Son, pues, un género aparte. Parece que el espíritu que alguna vez tuvieron, fue quedando lentamente atrás con cada muda obligatoria de su piel. Han perdido su esencia. Alguna vez, en algún recóndito bolsillo de memoria, fueron hijos, hermanos, padres y amigos; alguna vez su espina dorsal también fue vertical, como se espera de los hombres. Pero la vida fue gravitando sobre ellos el peso insostenible de los intereses personales, del egoísmo, de la maldad misma que pesa sobre aquellos que buscan otra opción. Y así, se hacen culebras.
En el camino moral, en vez de concebir un paso erguido, prefieren arrastrarse. Dispuestos a todo lo que sea necesario, aún a expensas de su propia dignidad. Nunca se sabe su posición; si están verticales es para escalar a expensas de otros; si están horizontales, sus escamas naturales los hacen avanzar por el suelo que conocen tanto como su naturaleza íntima, que también es baja como su moralidad. A veces queda algún escamoso vestigio de lo que alguna vez fueron por fuera, en esa piel olvidada que queda relegada con el polvo del camino.
Abogado