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El PRD no sale de su laberinto

Por: Redacción 25/09/2014

Ingeniero. Secretario de la Junta Directiva de la Fundación Ipec.

 

El pasado fin de semana, el Partido Revolucionario Democrático (PRD) realizó un evento, cuyo fin era llenar las vacantes dejadas por la mitad del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de ese partido, incluyendo a su líder y último candidato presidencial, Juan Carlos Navarro, cuya carrera política ha pasado a ser parte de las anécdotas de la historia de nuestra vida republicana.

El PRD vive uno de los eventos más dramáticos desde su existencia. Nunca se ha visto a un partido con semejante tamaño y estructura fuera de las riendas del Estado por más de 5 años.

Luego de que el partido fue minado por la irrupción lenta pero constante de dirigentes-caudillos que hicieron del clientelismo su forma de trabajo partidario, les ha llegado la hora de pagar las consecuencias del abandono al que fue sometido por sus líderes históricos, así como las pugnas entre los expresidentes de la República y sus respectivos grupos.

Si esto no cambia de rumbo, el PRD podría correr el riesgo de convertirse en otro partido bisagra.

Atrás quedaron las otrora todopoderosas organizaciones de base como la Tendencia, el Frente Empresarial y la Juventud. Estamos hablando de un partido que tiene al menos tres personas listas para asumir cada puesto de mando y jurisdicción del gobierno con experiencia y equipos de trabajo conocidos.

La situación del PRD es para el país una tragedia política. En un momento en el que tanto el expresidente Ricardo Martinelli como su partido Cambio Democrático transitan por el inicio del barranco de la impopularidad propia del perdedor, el partido que debió ocupar la dirección de la oposición política es solo la sombra de lo que podría ser.

Del evento del domingo pasado, por lo que parece, no hay ninguna posibilidad de que las cosas cambien en la organización política torrijista.

Con un acuerdo legislativo con el gobierno nacional en curso, lo que nos espera son episodios de negociaciones constantes. Lo lamentable es que ninguna es para beneficio de todos y, en cambio, se enfocada en resolver los problemas partidarios que comienzan a mermar al partido de la Avenida México.

Su militancia, no acostumbrada a estar tanto tiempo fuera de la cosa pública, comienza a pedir soluciones que, a través de la Asamblea Nacional y una que otra alcaldía de mediano tamaño, será negociada para postergar la indetenible desbandada que se avecina ante la falta de rumbo de ese partido.

No veo solución, si el presidente del partido, Benicio Robinson -quien a la postre es el negociador principal en la Asamblea Nacional-, seguro apostará por buscar espacios políticos y nombramientos a esa militancia. La posibilidad de alianza con el partido Cambio Democrático es, literalmente, imposible. El líder del PRD será quien logre solucionar la mayor cantidad de problemas económicos de los miembros de ese partido que así lo exigen. Y esto último lo tiene muy claro el diputado Robinson.

Las fuerzas opositoras internas del PRD no han logrado despertar el entusiasmo de la mayoría de la membresía, y la culpa es de ellos mismos.

Si buscaran en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional, se van a encontrar con cualquier cantidad de reclamos de los miembros del partido y dirigentes de base, acusando a los entonces funcionarios perredistas por abandonar la organización, no convocar a los debates internos y adormecer las instancias partidarias. Y ahora, el pase de factura no se ha hecho esperar. Se recoge lo que se cosechó.

Con esta situación, veremos la dispersión de las antiguas fuerzas perredistas, que buscarán en la sociedad civil y otras organizaciones tangenciales a la política, mantener vigencia en la discusión de los temas nacionales. No queda de otra.

Si esto no cambia de rumbo, el PRD podría correr el riesgo de convertirse en otro partido bisagra, que no le quede de otra que negociar alianzas para tener alguna relevancia política en el futuro de nuestro país.

Incluso los medios de comunicación y periodistas afectos a esa organización han iniciado un claro distanciamiento del mismo. Ante el desconcierto general, veremos a los más radicales en reuniones de entendimiento con las actuales autoridades del partido.

Este es el resultado de inflar los partidos con absurdas y costosas campañas de inscripción de personas sin ninguna intención de formarse políticamente, o militar de manera disciplinada. Todo es bajo el norte de un dirigente o caudillo que los llevará, tarde o temprano, a conseguir un puesto en la estructura estatal.

El Tribunal Electoral debería estudiar esta situación, que les cuesta a todos los panameños. Claramente el dinero asignado a la formación política no tienen ningún efecto positivo en la vida política de los partidos. El tiempo se le acaba al otrora partido más organizado y estructurado del país.

 

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Jueves 6 de agosto de 2026