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El precio de la vejez

Por: Redacción 15/07/2015

Según estudios realizados en la Universidad americana de Hampshire, cada año, cerca de un millón de personas mayores sufren lesiones físicas, maltrato psicológico o abandono por algún miembro de su familia. Esto lo confirma un estudio realizado en Barcelona con mayores de 70 años, donde se detectaron casos de maltrato psicológico, físico, abandono y, en algún caso, de abuso sexual.

Si las cifras resultan desalentadoras, más desconcertantes se muestran los casos de abandono de personas mayores por parte de sus hijos en hospitales, gasolineras e incluso en centros comerciales.

Además de las familias, son numerosas las ocasiones en las que el abuso es cometido por el cuidador profesional, el cual puede estar motivado por una necesidad patológica de controlar a otra persona, o a factores como el estrés, la ignorancia del buen cuidado, la frustración o la desesperación.

Según Ana Matos, psicóloga y autora del libro “Las mil caras del maltrato psicológico”, la falta de atención o el abandono emocional son también considerados formas pasivas de maltrato psicológico. “Las víctimas son ancianos, menores o discapacitados abandonados por sus familias en instituciones que cuidan de ellos, pero que jamás reciben una visita, una llamada o una caricia”. “Son formas de maltrato no reconocido”, añade.

Las instituciones a las que acuden, como las residencias para mayores, también presentan sus carencias. Entre las protestas se incluyen una nutrición inadecuada, agresiones físicas o la falta de dedicación del personal hacia los residentes. En Estados Unidos se ha impulsado el movimiento por el cambio cultural en residencias Person Directed Care, cuya traducción en castellano es “Atención orientada desde la propia persona”, el cual la psicóloga gerontóloga Teresa Martínez define como un “nuevo modo de comprender la relación asistencial y la provisión de cuidados frente a un modelo tradicional centrado en los servicios, la enfermedad y la organización”.

Esta exclusión es consecuencia de la “discriminación por edad” que implanta la sociedad, entendida como el conjunto de acciones que se ejercen al considerar inferior a este grupo de personas vulnerables y definido en función de la edad.

Entre las propuestas planteadas para combatir esta situación de exclusión se recalca la educación de la población, y la asistencia más personalizada posible. Es fundamental adoptar una actitud de respeto y consideración a nuestros mayores. Cabe preguntarnos cómo nos gustaría que nos vieran y nos trataran cuando alcancemos la vejez: como seres únicos, con nuestras propias fortalezas y debilidades, o bajo la lupa de las creencias estereotipadas que la sociedad tiene sobre nosotros, sin la posibilidad de demostrar lo que seguimos siendo y aún lo que podemos llegar a ser.

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Viernes 31 de julio de 2026

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