El presidente, las elecciones y la prensa
Cada cinco años somos forzados a presenciar el circo de las elecciones presidenciales mientras se interrumpe la paz y sosiego de nuestra sociedad. En los últimos años, en esta, nuestra sociedad del espectáculo, ese circo ha sido mucho menos significativo y mucho más estridente. Y dado que las elecciones presidenciales siguen siendo las que mejor pueden guiarnos hacia el futuro, entonces una parte abrumadora de ese espectáculo serán las propuestas de los candidatos para las elecciones de 2014.
Los dos principales partidos de oposición en nuestro país son instituciones fundamentalistas propensas a la adoración de ídolos (Torrijos/Arnulfo), y con toneladas de contradicciones que hace que sea muy difícil para ellos reformar su modelo político. Las actividades políticas de estos partidos producen candidatos que mejor representan los intereses de sus partidos y no el bien común de todos.
Hoy todo lo que vemos de la oposición son candidatos que narran historias sobre tragedias que de repente han hallado en su encuentro con la gente desvalida y pobre en todo el país, un ejercicio realizado en Panamá cada cinco años, en tiempos de elecciones. Lo único que cambia es el nombre y la cara de estas tragedias humanas, de lo contrario, las historias, año tras año, son casi las mismas.
Hay tanta comedia e irresponsabilidad en las campañas políticas y en las “propuestas” que estoy asustado por los pactos o convenios que hacen los políticos en nombre del pueblo, mientras nos mienten sobre posibilidades y futuro. Lo que trato de decir es que políticos honestos, competentes y serios son cosa rara en Panamá, y tales personas deben ser identificadas, alentadas y apoyadas.
Necesitamos líderes con conciencia de reconstruir el país y acabar con la mentalidad y la actitud de corrupción, que se ha convertido en algo cultural e histórico y, por lo tanto, psicológico.
En realidad no hay una distinción significativa entre los candidatos de oposición en términos de su plataforma de campaña, pero lo más importante no es lo que estos candidatos, con lenguaje vago e impreciso, dicen durante la campaña, sino lo que harán acerca de las grandes empresas que les permite subir sus márgenes de ganancia a voluntad y evadir impuestos con cualquier excusa, y poner fin a ese fraude institucionalizado de evasión de impuestos, así como el control de precios de alimentos y medicamentos.
La administración actual ha demostrado que tiene una agenda progresista viable enfocada en la creación de empleos y la disminución de la tasa de desempleo, la inversión en infraestructuras, medios de transporte, educación y tecnología, y el desarrollo de políticas sociales que den apoyo a las familias de escasos recursos. Una gran mayoría de panameños está satisfecha con el estado de mejoría y progreso de su país. En pocas palabras, esta administración ha aportado una nueva visión social y económica al país, un nuevo estándar de excelencia y una nueva perspectiva que se debe continuar.
Estamos viviendo el sueño de “un loco” a través de sus propios ojos.
Por otro lado, el negocio de los medios de comunicación, en especial la prensa escrita, ha consistido, en los últimos años, en ofrecer historias sin claroscuros. No tratan de generar debates positivos, sino azuzar sentimientos negativos contra el gobierno en general y el presidente en particular. Sus mensajes cotidianamente transmiten más pésame que esperanza; con ojos que solo buscan defectos y oídos que solo escuchan blasfemias y ofensas, dosificando la información, diciendo lo que les conviene decir y ni una palabra más, al servicio de intereses egoístas que están completamente sesgadas y fuera de sintonía con el gusto popular. Su repertorio últimamente ha sido deficiente en gracia y clase, que más bien es un insulto a la inteligencia del lector. La crítica y escepticismo de accionistas y lectores hacia la prensa escrita son merecidos, ya que, como una institución de tanta importancia, debe pasar por el mismo escrutinio público que pretenden dar a los demás.
Nos tienen acostumbrados a un constante presagio de futuras desgracias que nunca se concretan.
Es angustioso ser forzados todos los días a leer la misma novela de odios, rencores y polémicas que calculadamente ha dejado a parte de nuestra población terminantemente confundida y desarraigada.
Lo anterior son mis observaciones personales. Nunca he pertenecido a partido político ni he sido activista político.