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El Presidente no tiene quien le escriba


Para nadie es un secreto que existen marcadas limitaciones en las políticas de comunicación del Presidente Ricardo Martinelli, situación que se ve reflejada en el manejo de la crisis de Bocas del Toro y en las diversas encuestas de opinión que se publican eventualmente.

Advierto, esta reflexión no es una crítica a la capacidad de los que manejan la comunicación estatal, creo que eso les sobra, sino al método implementado en un año de administración. Han hecho una costumbre el tratar de distraer la atención, negarlo todo o incluso acusar a terceras personas cuando algún funcionario del “Gobierno del Cambio”, olvida la máxima: “se puede meter la pata pero no la mano”. A mi juicio, un error del tamaño del Universo. Lo correcto sería enfrentar el delito y la corrupción o simplemente reconocer el error, al final del camino todo lo oculto sale a la luz y las justificaciones salen más costosas que la aceptación oportuna de la culpa.

Buscar una solución pacífica a la enorme rivalidad que mantiene el Alcalde Bosco Ricardo Vallarino con el Ejecutivo, es una medida más inteligente que promover una lucha intestinal mediática entre las partes, para descalificar al burgomaestre. Escuchar no le vendría mal a la Secretaría de Prensa de la Presidencia, las voces de aquí y allá. La fuerza y la efectividad en el trabajo no se logran dividiendo y restando, sino sumando. No se trata de espartanos y troyanos en pugna sino de panameños.

La batalla debe ser frontal pero contra el crimen organizado que permean el país, no contra la gente honrada e integra que disiente. El Presidente no tiene quien le escriba. Se realizan acciones importantes en materia de educación, vivienda, salud y economía, pero el mensaje no llega los interlocutores, no se usan mecanismos acertados de comunicación, se premia o castiga con la publicidad o información estatal.

No es lo mismo trabajar una campaña presidencial, que manejar la comunicación del Estado. Hay que evolucionar, el ejercicio de la administración pública requiere de cambios, de profesionalización y de manejo político para ser eficaces. Es un error mayúsculo mantener las estrategias de comunicación y posicionamiento público que se usaron en la campaña presidencial cuando se dirige la política de comunicación del Estado. El presidente no tiene quien le escriba. Ha empezado a perder capacidad de convocatoria, las técnicas de mercadeo y la presencia publicitaria en los medios parecen naufragar.

La solución no está en dosificar las intervenciones públicas del mandatario, a través de cuñas radiales y televisivas, alocuciones y conferencias de prensa o en encuentros selectivos con periodistas, que a larga generan antipatía. Una propaganda profusa, excesiva y alabanciosa causa disgusto en una población que siente que sus libertades son amenazadas. El pueblo quiere hechos y no palabras, soluciones y no show mediáticos, menos pan y circo.