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El primer mundo y la demagogia barata

Por: Redacción 20/03/2014

Hace unos tres o cuatro años se puso de moda entre los políticos de nuestro país hablar de cómo llevar a Panamá al primer mundo. Incluso había quien aseguraba que ya estábamos casi ahí. Y así nos fuimos un tiempo hasta que se puso de moda otra frase demagoga.

Debo especificar que los países de primer mundo conjugan características conocidas: hay desempleados, hay pobres, hay clases sociales, etc. No estamos hablando de un “mundo” diferente como tal, hablamos de características que hacen que la calidad de vida del ciudadano sea la mejor posible. Hablamos de sitios donde la sociedad es reconocida por tener una empresa privada muy dinámica, donde las pymes son las que mueven la economía, donde el sistema educativo está compuesto de colegios de excelencia en los que se promueve la investigación y el desarrollo en función de las necesidades comunes.

CAMINABAN HACIA UN MURO DONDE ABRÍAN LAS VASIJAS EN LAS QUE TRAÍAN SU COMIDA PARA COMERLA AL AIRE LIBRE DE PIE. CON EL PRIMER MUNDO JUSTO FRENTE A ELLOS, SE ALIMENTABAN DE LA MISMA MANERA QUE EN LA MAYORÍA DE LAS ALDEAS MÁS REMOTAS DEL CENTRO DE ÁFRICA.

Con lo anterior establecido, la demagogia barata de prometer llevar a Panamá al primer mundo choca de frente con nuestra realidad de desigualdades y corrupción institucional que tiene tanto tiempo como nuestra historia. Una corrupción muy bien aceitada que está compuesta por políticos y ciudadanos en general a todos los niveles y de los que he escrito en otras ocasiones.

La mayoría de las residencias de la periferia de la ciudad de Panamá, para los que no lo saben, usan como ventanales ornamentales de bloques de cemento. Esto es, primero, por la inseguridad que reina en estos lugares. Lo otro es que es más económico por nuestro clima tener este tipo de ventilación natural. Me gustaría que alguien me explique cómo hacemos que esta gente pueda vivir decentemente, más o menos como alguien de clase media de un país del primer mundo.

Y así nos podemos encontrar una enorme cantidad de cosas, como las fondas para no solo los obreros de la construcción, gran cantidad de profesionales se tienen que refugiar culinariamente en estas ofertas para que el salario les llegue al final de la quincena.

El otro día fui testigo cómo los trabajadores (entiéndase secretarias, asistentes, oficinistas etcétera) salían al mediodía de un edificio enorme con todas las características de los rascacielos modernos, vidrios polarizados, elevadores inteligentes, entrada sofisticada. Lo malo es que las personas salían a comer, pero no a la cafetería del edificio o a la plaza de restaurantes que podría tener. Caminaban hacia un muro donde abrían las vasijas en las que traían su comida para comerla al aire libre de pie. Con el primer mundo justo frente a ellos, se alimentaban de la misma manera que en la mayoría de las aldeas más remotas del centro de África.

Las calles de nuestras ciudades y pueblos están llenas de carros que evidentemente no llenan las mínimas condiciones para permanecer rodando. Increíblemente, tienen placa y revisado actualizado. Los policías les pasan al lado como si nada, no hay autoridad que tome cartas en el asunto y terminan, como siempre sucede, teniendo problemas mecánicos en sitios como el Puente de las Américas y otros desalojos donde el tráfico siempre debe ser constante.

Panamá es un país donde la gente no sabe cuándo ni cómo ni dónde cruzar una calle. Y por supuesto, sus autoridades tampoco están porque existan sitios para que el peatón circule agradablemente. Ni hablar de los tranques. La mayoría de los mismos son originados por la impericia de personas que, sin duda, no hay manera que se crea que pasaron un examen de manejo.

Creo que todo lo anterior ha ido minando la credibilidad de nuestros políticos. Contar con tanta infraestructura solo para ser vista desde lejos no ayuda con la igualdad social. Aún nuestros pueblos del interior no logran que se les pueda catalogar como ciudades modernas. No se está trabajando en lograr un desarrollo parejo de las mismas que brinde oportunidades a los jóvenes que deciden no migrar a la ciudad de Panamá.

Es cierto que tenemos empresas y actividades de primer mundo. Pero no hay que confundir las cosas. Somos lo que somos y tenemos que mejorar. Lo que no se vale es mentir de manera deliberada. Y menos si se quiere conducir al Estado y diseñar políticas públicas.

Expliquemos a la población hasta dónde podemos llegar con lo que tenemos. De esta manera, comenzaremos a tomar conciencia de la importancia de ser cada vez mejores para estar preparados para llegar a donde realmente queremos ir. Dejemos atrás la demagogia y propuestas de subsidios de hambre, así como las iniciativas que van contra el libre mercado.

 

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Viernes 7 de agosto de 2026