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El principio del fin


La llegada de los primeros autobuses que serán utilizados para renovar la flota del transporte público, constituye una prueba evidente de que existe la voluntad política de terminar con el sistema inseguro, ineficiente e incómodo que por muchas décadas ha mantenido al ciudadano en la zozobra, y al país en el atraso.

Son muchos los conceptos económicos y administrativos equivocados que la dictadura militar implementó en su momento, y que han costado a todos los panameños años de sangre, sudor y lágrimas. Con una motivación demagógica anunciada como el deseo de dar a todos los conductores la propiedad de su machete, y alimentados por una nociva vinculación política con los gobiernos, se propició la creación de un sistema desordenado e informal, caracterizado por el negocio de concesión de cupos, la pelea callejera por el cliente, la asociación sindical para ejercer presión por concesiones, y el chantaje político para evitar la competencia y defender las conquistas.

El sistema, como todo lo anárquico, ha perjudicado a los mismos propietarios, a los conductores y al público usuario por igual. El problema ha desarrollado raíces tan profundas que tomará tiempo resolverlo en su totalidad, pero con la llegada de los primeros buses, la esperanza de terminar con esta pesadilla se siente más cerca.