El problema de la basura: Julio Rovi siempre tuvo razón
Ingeniero de Sistemas y secretario de la junta directiva de la fundación Ipec.
Con la llegada del verano y las fiestas de fin de año, el problema de la forma como tratamos la basura, su uso final y cultura sobre la misma vuelve a la palestra. Pero esta vez, voy a hacer una denuncia y reconocimiento público a quien nos planteó el problema, nos propuso la solución, y se le trató como un loco irresponsable, por decir algo diplomáticamente.
Hace un poco más de 25 años, el arquitecto Julio Rovi F., como titular del entonces Departamento de Aseo, un día, basado en su experiencia profesional y convicciones ideológicas, le propuso al país que aprendiéramos a reciclar la basura y comenzáramos a clasificar los desechos.
Rápidamente, el arquitecto Rovi se fue quedando solo en su idea. No lo apoyaron desde el gobierno, no lo apoyó su propio partido, incluso, muchos de sus colaboradores comenzaron a darle la espalda a la idea. Posiblemente, la forma como trató de llevar adelante la idea no era la más ortodoxa para el momento que se vivía, pero era el inicio y, como en todo, era lo más difícil.
Así las cosas, un buen día, previa crisis de recolección de basura, el gobierno anunció la destitución del arquitecto Rovi. Su reemplazo, cuyo nombre no quiero recordar, recurrió a lo de siempre: compactadoras y de ahí a un vertedero.
Se los pongo de esta manera: si se le hubiera apoyado al arquitecto Rovi, tendríamos al día de hoy 25 años de educación en clarificación y reciclaje de los desechos. Casi dos generaciones.
¿Se imaginan contándoles a sus hijos sobre la forma antigua de botar la basura con compactadoras? Pues eso no sucedió. Hoy seguimos usando el mismo método del siglo pasado. Es más, se ha convertido en un problema de tal magnitud que el servicio ha pasado al Municipio y luego al gobierno central, ante la imposibilidad de definir una solución efectiva.
GOBERNAR NO ES PARA RODEARSE DE ESCOLTAS PAGADOS CON LOS IMPUESTOS DE TODOS Y VIAJAR...
Los políticos panameños y la sociedad en general de la época le deben una disculpa pública al arquitecto Rovi. Cuando usted mire hacia la bahía y la vea llena de basura, sepa que hace 25 años nuestros gobernantes tuvieron la inigualable oportunidad de iniciar un camino largo pero fructífero al final, de ahorrarnos millones de dólares en manejos de los desechos como los hacemos hoy.
Con la reforma educativa, la cancelación de la iniciativa de manejo de desechos clasificándolos son las peores decisiones que, basados en presión ciudadana empujada por intereses económicos y políticos del momento, pagamos todos los panameños y nuestras futuras generaciones.
Lo pongo de otra forma para que sea más fácil de entender. Si hoy, el gobierno del presidente Varela decidiera comenzar el programa de reciclaje para el manejo de la basura como un tema de Estado y quisiéramos evaluarlo 25 años después, la fecha para semejante evaluación sería en el 2035. ¿Dónde estará usted en ese momento?
SI SE LE HUBIERA APOYADO AL ARQUITECTO ROVI, TENDRÍAMOS AL DÍA DE HOY 25 AÑOS DE EDUCACIÓN...
Gobernar no es para rodearse de escoltas pagados con los impuestos de todos y viajar en carros oficiales. Tampoco es para aumentar el ego o resolver su situación económica. Gobernar es para administrar los recursos del Estado lo mejor posible y hacer que los mismos se dispongan para los mejores intereses de los ciudadanos, con acciones que no necesariamente vas a ver en tu administración.
Insistir en el modelo de solamente iniciar obras que se puedan inaugurar dentro del quinquenio es de mentes pequeñas y de quiosco, que debemos rechazar rápidamente.
Nuestro país constantemente aparece en las listas que hacen mediciones sobre calidad de vida y otros relacionados, como número 2. La razón por la que rara vez somos número uno, teniendo todo para que así sea, es por nuestros problemas de educación y calidad de vida, los cuales pudimos haber comenzado a resolver efectivamente hace más de 25 y 35 años, respectivamente.
Lástima que nuestras leyes no contemplan la negligencia en el ejercicio del gobierno como un delito sin prescripción. Deberíamos tener métodos coercitivos para que los encargados de la cosa pública no actúen basados en intereses económicos y políticos. La certeza del castigo habría evitado que hoy no sepamos qué hacer con las toneladas de basura que acumulamos y quemamos. Y ni hablar del tema educativo.
Es un buen momento para que nuestro país haga una lista de temas que deben ser tratados como de Estado, los cuales no necesariamente tienen que ser realizados por una administración en particular. Ya lo hemos hecho con la ampliación del Canal y el saneamiento de la Bahía de manera efectiva. Claro que se puede.