El problema de la basura y la educación
Una sencilla y humilde cliente de mi despacho, ayer, antes de salir de mis oficinas, amén de haber hablado sobre su caso, me pregunta: ¿Sabe usted por qué el problema de la basura?, a lo que le contesté: ¿Supongo porque no se está recogiendo como debería ser? A lo que ella, con agudeza mental, esa que solamente la adquiere quien está al frente de la batalla, en el diario vivir, me contesta: “No, no doctor Guerra, no es así”. “Cierto”, continúa diciendo, “que ahora se requieren más unidades o camiones que la recojan, pero en definitiva el problema de la basura es porque ha aumentado, en los últimos años, el poder adquisitivo de los panameños”.
TENEMOS QUE ASISTIRNOS DE UN PROGRAMA DE RECOLECCIÓN QUE IMPLICA O TRADUCE LA NECESIDAD DE MÁS UNIDADES O CAMIONES RECOLECTORES, DE MÁS PERSONAL, DE UNA AGENDA DE RECOLECCIÓN...
Confieso que me impresionó su respuesta. Nunca había pensado en ello. El poder adquisitivo de los panameños, sobre todo los de la ciudad capital, ha aumentado. Junto a ello un bolsón de compatriotas que, desde hace décadas, abandona sus provincias para venir a la ciudad en búsqueda de mejores oportunidades. La ciudad de Panamá, San Miguelito, en lo que a población respecta, deviene en un montón de compatriotas que hemos venido de las provincias, sobre todo, de Chiriquí, Herrera, Los Santos, Veraguas, Coclé y otras. La Chorrera, por ejemplo, y también San Miguelito, la población, en su mayoría es santeña y herrerana. Hay que ver el concurrido desfile del 10 de Noviembre en La Chorrera para corroborarlo.
Aunque la respuesta dada por mi cliente a su interrogante no justifica la no solución a los problemas de la basura, lo cierto de todo es que no deja de tener razón. Todo ha cambiado. El costo de la vida se ha disparado. Pero hay una necesidad que no puede dejar de ser satisfecha. A unos les llega un poco tarde, en el día, el poder satisfacerla y a otros se les presenta las tres veces al día. Unos comen una vez al día y otros ninguna. Nunca dejamos de comprar alimentos. Carenciados de nutrición o no, siempre compramos para hacernos del desayuno o el almuerzo o la cena.
También renovamos el colchón que ya no da para más; la estufa, la nevera o refrigerador, los zapatos o las zapatillas. Algunos ponemos la basura en su lugar, habrá quienes la botan por cuenta propia, otros que la lanzan en donde se les ocurra y con cero norma a aplicar en el aseo casero, en el ornato de la comunidad o en el de la calle. A algunos les llegará el camión de la basura a tiempo, otros tenemos que tragarnos los malos olores de una basura que entra en estado de putrefacción.
La comunidad sufre y padece todo este problema de la basura. Ahora bien, tenemos que asistirnos de un programa de recolección que implica o traduce la necesidad de más unidades o camiones recolectores, de más personal, de una agenda de recolección, etc.
Ese poder adquisitivo ha venido con el incremento de todo: más barriadas, más ciudadelas, más gente, más compras, más consumo. En fin. Es triste que no pocas calles de nuestras ciudades se hayan convertido en pataconcitos. Mala imagen para un país y para una nación que vende su desarrollo económico marcado en un índice de desarrollo y progreso que nos alegra a todos.
Pero consideremos que la casa debe estar aseada. También mucha culpa tenemos los ciudadanos. Tenemos que desarrollar o tal vez iniciar a aprender normas sobre aseo. Aseo en los hogares, aseo en las calles, en los lugares públicos, en todas partes. Una ciudad limpia es una ciudad que oferta atractivo, en todo sentido. En el turismo se constituye en un foco de atracción para quienes quieren conocernos.
Una ciudad limpia demanda la participación ciudadana. Basta entonces de convertir nuestras quebradas, nuestros parques, los cuadros de fútbol, las esquinas de terrenos abandonados, en depositarios de la basura. Vergüenza debe sentir el ciudadano que sin decoro alguno lanza su bolsa de basura en donde mejor le place o le parece. Eso es falta de escuela y de educación.
Lo que no podemos permitir los ciudadanos es que del problema de la basura se haga “el gran negocio de la basura”. No puede ser cierto, jamás, que sea mejor alquilar camiones que comprarlos. A la larga, gastaremos mucho más y tendremos menos. Hay, indefectiblemente, que invertir los dineros y recursos en la adquisición de buenos equipos que demandan mantenimiento y no abandono o descuido. Es triste ver que camiones que fueron comprados hace un par de años, por falta de mantenimiento, sean hoy día chatarras o simplemente parte de la basura de esta ciudad.