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El problema de la delincuencia juvenil


Paulino Romero C / Pedagogo, escritor, diplomático ( opinion@epasa.com) / -

Se llama delincuente juvenil al adolescente de un sexo o del otro cuya conducta se desvía de los códigos imperantes en la sociedad. No se puede dividir arbitrariamente la población adolescente en delincuentes y los que no lo son, ya que cada joven (igual que casi todos los adultos) incurre una que otra vez en actos que podrían considerarse delictivos. Hay grandes variaciones individuales en este respecto, siendo el caso de mayor seriedad según aumenta la frecuencia y la magnitud del comportamiento reprobable.

A la vez que constituye un grave mal social, la delincuencia juvenil es un serio problema personal, ya que la conducta indeseable es un síntoma de desajuste en el individuo, que no puede satisfacer razonablemente sus necesidades de una manera socialmente aceptable. Son muchísimas las faltas que caben dentro de la calificación de delincuencia juvenil. Las más frecuentes son robo, mentira, truhanería, vagabundeo, destrucción de la propiedad ajena, delitos sexuales, homicidio, etcétera.

Se ha observado que hasta los 14 años la mayoría de los casos de delincuencia juvenil implican delitos contra la propiedad. Durante los últimos años de la etapa adolescente, las formas más comunes de delincuencia son actos contra las personas. El mayor número de arrestos, según las estadísticas, ocurre entre los 14 y los 19 años, periodo en que el individuo generalmente tiene que establecer sus ajustes sin la ayuda de los adultos.

Antiguamente se creía que el delincuente era un individuo poseído por el diablo. De ahí el uso del castigo corporal para ahuyentar el maléfico personaje. Más tarde se inculpó a la herencia, creyéndose que había tipos delincuentes biológicos. En la actualidad se reconoce que, aunque ciertos factores de índole biológico o constitucional, tales como capacidad mental y temperamento, pueden llevar al individuo a conducirse en desacuerdo con las normas sociales, no hay tal cosa como el criminal o delincuente nato, sino que el grado de ajuste de cada individuo a los códigos prevalecientes en la sociedad dependen en gran parte de las influencias ambientales sufridas durante el desarrollo.

El estudio de la delincuencia juvenil es difícil por la multiplicidad de factores capaces de determinarlo. Las deficiencias económicas y educativas del ambiente guardan íntima relación con la frecuencia de los actos delictivos. El hacinamiento, la falta de oportunidades para la recreación estimulante y saludable, los malos ejemplos de adultos y amistades, son condiciones favorables en el adiestramiento moral. Hay pruebas que indican que a medida que aumenta la distancia respecto a los barrios bajos, disminuye gradualmente la frecuencia de la delincuencia juvenil.

Cuando los habitantes de un vecindario insalubre y pobre se mudan a otro sitio más adecuado, la frecuencia de los actos delictivos disminuye significativamente. El hogar destruido es, en la mayoría de los casos, la culminación de una prolongación de una serie de sucesos desagradables y perjudiciales para el desarrollo del niño.

Pero no todos los menores procedentes de hogares destrozados serán algún día delincuentes. La calidad de las relaciones humanas en el hogar es un factor fundamental en el desarrollo del individuo. La frecuencia de las rencillas y discordia entre los miembros de la familia se refleja en las actitudes y los ajustes emocionales de los hijos. El delincuente juvenil es por regla general un individuo que ha fracasado en el desarrollo de lazos emocionales deseables en la familia y que demuestra poco cariño hacia sus padres.

No debe pasar inadvertida la influencia de los amigos y compañeros. En muchas ocasiones el factor desencadenante de la conducta delictiva es el deseo de lograr la aprobación de los compañeros. Así, el temor a ser considerado cobarde por los demás empuja a muchos adolescentes a ejecutar actos reprobables.

Hasta cierto punto, la delincuencia puede considerarse un medio de descargar las tensiones que generan la frustración y los conflictos emocionales. El niño cuyo hogar es inadecuado debido a la pobreza, la disciplina severa, el rechazo y otras condiciones frustrantes, puede rebelarse contra las normas morales. ¡Fundamentalmente, la delincuencia es una forma de rebeldía!

Ofrecemos esta, nuestra modesta contribución docente, al esclarecimiento del problema de la delincuencia juvenil en Panamá.

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Viernes 14 de agosto de 2026