El propósito de nuestras vidas
El porqué de nuestra existencia o propósito de nuestras vidas va más allá de lo que creemos es importante: felicidad, metas, tranquilidad, carreras, bienes terrenales o materiales, etcétera.
Recordemos cómo llegamos a nuestro nacimiento, sin nada, y cómo nacemos a la vida eterna, sin nada más que el alma. En la Tierra, debemos enfocarnos en lo más importante, que es tranquilidad de haber concluido con el propósito para el cual Dios nos ha creado.
En ocasiones, nos desviamos del hecho de que sin la gloria de Dios no tendríamos nada y en nuestro egoísmo solo pensamos en nuestras metas y sueños temporales: no es que sea malo, pero solo estaremos cumpliendo con nosotros mismos y con los estándares del mundo, en el limitado tiempo que pasamos por esto a lo que erradamente llamamos vida.
Debemos poner a Dios en el centro de nuestras vidas y permitirle que nos use para sus propósitos, los cuales solo tienen que ver con arquetipos que salen de lo más puro y sincero que Él nos haya podido dar, el amor.
Cada uno debe trabajar por el propósito para el cual fue creado. Lo más importante es saber que no es lo que otros dicen o quieren de nuestras vidas, sino lo que Dios quiera de ella.
Es imposible lograr todo lo que los demás quieren que uno haga y, como eso va en contra de la voluntad de Dios, para alcanzar este propósito se dan conflictos, cansancio, estrés y al final solo se siente vacío, inconformidad, tristeza y un sentido de que nada de eso nos llena. Pues, eso no tiene nada que ver con la voluntad de Dios.
Cumpliendo sus propósitos se puede sentir la gran satisfacción de que muchas veces nos lleva a decir: Si hoy me muero, me voy en paz, porque hice todo lo que tenía que hacer. Digamos siempre: Hágase tu voluntad y vivamos para su propósito, recordando que aquí estamos en la puerta para la vida eterna. Pidamos con fe que nos muestre para qué fuimos creados y hacer lo necesario para cumplir con Él.
Consuelo de Pernudi
Colaboradora.
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