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El pueblo sufre


A casi un año del arranque del metrobús en Panamá, cuyo objetivo es desaparecer a los "diablos rojos" y poner fin al caos en el servicio de transporte, aún hay lecciones por mejorar.

Lo que se supone sería el trauma por el cambio, poco a poco se está logrando el objetivo. La demora en la compensación a los dueños de autobuses generó resistencia para salir del sistema, pero cumplido este proceso, la programación ha vuelto a la normalidad.

Además, las quejas por los buses, con las facilidades o inconvenientes, según sea el usuario que los utilice, son mínimas. El perfil de los conductores también ha dado un giro de 180 grados.

La gran interrogante, a meses para que se complete el metrobús, es sobre las 500 paradas que deberán instalarse en Panamá, San Miguelito, y que servirán a las personas para guarecerse de las inclemencias del tiempo.

Y es aquí donde las autoridades siguen sin ponerse de acuerdo y el pueblo sufre. El Ministerio de la Presidencia y la Alcaldía de Panamá se han enfrascado en una batalla para la cesión de acuerdo de las paradas, firmado entre la comuna y la empresa EUPAN.

Los representantes del Ejecutivo han advertido que para proceder a la instalación de las estructuras, la Alcaldía debe ceder el contrato al MOP, a lo que se resisten las autoridades minicipales, so pretexto de no poder hacerlo en su totalidad porque, a futuro, sería objeto de demandas.

Más allá de a quién le asista la razón legal, los panameños requieren que ambas partes manejen el arte de la negociación para que todos puedan ganar, en especial, los usuarios.

Dilatar más un proceso que pueda afectar el proyecto de darle otra cara al sistema de transporte solo retrataría la mezquindad característica de la clase política actual.