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El que no brinca es sapo


La renuncia de alcaldes, representantes de corregimiento, diputados y delegados del PRD y su salto inmediato a Cambio Democrático (CD), demuestra que los partidos políticos por engrosar sus filas recogen todo lo que camine, se arrastre o vuele en la jungla politiquera del país.

Lo anterior indica que los colectivos políticos están llenos de gente sin principios que utilizan la infraestructura de los mismos y la buena fe de sus miembros para lograr sus objetivos mezquinos y mercantilistas, en detrimento de la imagen del país y del gobierno. Lo actitud asumida por algunos políticos del patio de “brincar cual sapo” de una tolda a otra, se ha convertido en una costumbre en los 20 años de nuestra incipiente democracia.

La religión de la politiquería y el transfuguismo que profesan estos políticos engañadores y mentirosos es una de las peores desgracias que esta nación lleva en sus espaldas.

Y lo que no logro entender es como los votantes, como si fueran “ciegos guiados por ciegos”, caminan en cada proceso electoral hacia las urnas y premian a estos políticos inescrupulosos con su voto.

La percepción que tiene la ciudadanía de algunos políticos es pésima, particularmente por la gran cantidad de casos de corrupción que han salido a la luz en los últimos tiempos.

Esta desafección de los ciudadanos hacia los políticos se incrementa al ver que estos cuando están en oposición todo lo que hace el gobierno de turno es negativo, pero cuando ellos gobiernan o tienen el sartén por el mango se olvidan que miles de panameños se acuestan cada noche sin comer.

La actitud torcida y mentirosa de estos pintorescos personajes, está muy lejos de los principios éticos de la política y raya más en el oportunismo y la politiquería. El deseo de poder aunado al inmoderado afán de enriquecimiento fácil y rápido de algunos diputados, alcaldes y representantes de corregimiento sin distingo de partido, se ha convertido en un caldo de cultivo para la corrupción que tanto daño le ha causado a este país. Pudiera mencionar el nombre de todos esos políticos sin conciencia, sin amor a la patria, que los últimos años han convertido en algo casi constitucional el transfuguismo, pero el artículo se haría muy extenso. Impera la aplicación de correctivos, de mecanismos políticos, administrativos y jurídicos para evitar que estas “lacras” de la política conviertan la “brincadera” en un deporte nacional que nos permita participar en competencias olímpicas, donde con seguridad ganaríamos una medalla de oro, pero negativa.