“El que tenga oídos, que oiga” (Lc. 8,8)
Con una organización impecable, se desarrolló la XLI Cita Eucarística, la cual congregó, según cálculos aproximados, una multitud de creyentes de cerca de 17,000 personas que en un ambiente festivo aclamaron las glorias del Señor e invocaron la asistencia del Espíritu Santo.
Una vez más quedó confirmado el papel de ser como la voz del pueblo que anualmente anuncia y denuncia dentro de la vida de nuestra comunidad. Es verdad que por tratarse de las restricciones del Estadio Rommel Fernández no impactó como en otros años el desfile impresionante del clero participante, sin embargo hubo otras ventajas como la de que los asistentes no quedarán por fuera de la celebración.
Insistiendo en el hecho de que la cita viene a ser como la Voz denunciante de nuestras quejas y males que anualmente se hace oír, nos encontramos con el hecho de que los medios de comunicación se hicieron eco de las palabras del Señor Arzobispo considerándolas favorablemente oportunas en el devenir nacional.
Se aplicó lo del Evangelio de San Lucas capítulo octavo, si tenemos oídos tenemos que oír y coincidir en preguntarnos “¿qué nos está pasando?”que se pregunta el Prelado.
Se llamó la atención sobre conversaciones que son de impostergable urgencia. Al oír estos señalamientos, pensamos que por comentarios inocentes, en aquellas palabras de la Escritura que nos dice “que no hay peor sordo que el que no quiere oír. Por ejemplo, cuando menciona en su discurso el “sensible” tema de la corrupción se expresa así: “La corrupción es el mal que más afecta a nuestra sociedad. Ha habido, hay y habrá corrupción mientras existan cómplices, y nosotros somos cómplices al mirarla como algo natural como “viveza” y nada más. Todo esto corroe al pueblo entero ¿Por qué? Porque la población en general, al aceptarla, al ser indiferente, participa en su propia corrupción”. Pero, cuidado. Que nadie se contente con señalar los vicios demás, si no somos capaces de señalarnos a nosotros mismos”. Más claro y cuidadoso no pudo hablar el orador sagrado. Se ha querido hacer comidilla de estas frases aun cuando el discurso abarcó otros temas como una denuncia del femicidio, aberración en nuestra sociedad. Denunció el abuso del trabajo infantil y recordó que el día del Padre no podemos hablar de ser padre sin hablar de la familia. Y tenemos que defender sobre todo los otros derechos, tener una familia. Y abundó en otros temas que nos atañen a todos lejos de la frivolidad con que siempre queremos manejar los asuntos serios que no se arreglarán si nosotros queremos hacernos los orejisordos.
