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El Quijote en América, la nueva ruta

Por: Redacción 22/04/2014

Muchos dan como probable que El Quijote se embarcara para América ya hace cuatrocientos cinco años. Es más: todo parece suponer, si consideramos la fecha de 1608, que debió ser de las primeras tiradas. Señala el historiador hondureño Rafael Heliodoro Valle (1891-1959) que pertenecía a Mateo Alemán. Y es más sospechosa la idea, sostiene también, de que en el año de su aparición salieran hacia América no menos de doscientos setenta y dos ejemplares, con destino de San Juan de Ulúa, en México, número, no obstante, que merece revisión, pues se considera que fueron alrededor de 1,500 los llegados al Nuevo Mundo.

Cabalgó hasta que, en pleno siglo XIX, las imprentas hispanoamericanas comenzaran a editarlo, si bien las máquinas se encontraban en el continente desde 1539 en México y 1626 en Ecuador.

Con bastante fuerza El Quijote suponía, sobre todo durante la siguiente centuria, “la síntesis de una hispanidad idealizada y de una americanidad vigorosa proyectada hacia el futuro”.

Ya internalizadas las costumbres españolas, y europeas por extensión, la obra, universal a todas luces, no hace sino recrear los tipos hispánicos que han sido representados en todas las épocas y también en todos los espacios (No hay lugar, sino a la mejor crítica).

Cervantes se convertiría en americano, y con él su don Quijote, Sancho, Dulcinea y Rocinante. Ya nadie los vería igual. Venían para quedarse. Y hoy, pregunte usted, todos los conocen, aun cuando sus numerosas páginas no han sido siquiera hojeadas por muchos.

Pocos libros permiten tantos análisis, tantos comentarios, tanta diversidad como El Quijote. Si la obra llega a ser obra porque llega, precisamente, a manos de un lector, entonces nuestro título preferido será, sin duda alguna, una obra de muchas manos y mañas, de muchos pareceres y no escasos encuentros. Es por esto por lo que resulta no solo interesante su estudio, sino también válidas las distintas opiniones en torno a la mayor creación narrativa que ha parido la humanidad.

Los personajes de Cervantes, en América, se han apropiado de varios espacios: el literario, el histórico, el político y el ético, y han sido el móvil de las inspiraciones revolucionarias en defensa de los débiles, los proyectos de justicia y libertad, la equidad y la búsqueda (incesante, además) de ideales. Un mundo para rescatar, un mundo por redimir.

Pero El Quijote no solo aparecerá como la obra simbólica con personajes simbólicos. Será, y con mucho, un modelo literario que ha recorrido el mapa de América y pervive cuando muchos de los nuestros o lo citan o lo transforman o lo parodian o lo ponen de ejemplo: Rubén Darío, Augusto Monterroso, Leopoldo Lugones, Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Eduardo Galeano, y la lista continúa. Y Cervantes lo permite. Su obra es plástica, su obra es re-creación.

Cervantes pretendía venir a América. En 1590, lo escribió en su famoso memorial. No pudo hacerlo, pero ¿tendrá su obra algo de americano? Muchos lo han declarado. Las noticias no se hacían esperar, y, por supuesto, el intercambio cultural debió llegarle no poco para que tuviera tanto interés de venir al nuevo continente descubierto. De este periodo se considera a Las Casas el ejemplo más leal de quijote. Más tarde lo serán Bolívar y el Che.

En toda América los escritores siempre han sentido de un modo muy especial, por la lengua común, a Cervantes y su Don Quijote. En ese espíritu de libertad del hidalgo español encontraron los héroes de la Independencia y los románticos de este lado del Atlántico un modelo singular. El justamente llamado «príncipe de los ingenios» nos lega una admirable obra cuyas páginas son de todos los tiempos y todas las generaciones. Hoy se lee como en 1605, año de la aparición de la primera parte, o como en 1608, año en que se presume llegó a América. Mucho ha andado a lo largo del continente. ¡Mucho! Por los caminos angostos de la esclavitud y las dictaduras y por los anchos del progreso y la transformación urbana. Desde que nos llegó, es simplemente nuestro: es tan cubano como argentino o mexicano como panameño. ¡Quizá eso sea: panameño! Siendo así, dejará la armadura española y usará los ropajes nuestros, y se enfrentará a otros molinos, nuestros molinos, esto es: será uno de nosotros.

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