El Quinto Poder (I)
Querido Director,
En el último artículo le prometí hablarle de Jhon Wheeler, así se llamaba un desconocido personaje norteamericano que sin embargo, había ocupado importantísimos cargos gubernamentales: fue asesor de varios presidentes, ejerció como mandamás del Pentágono y en la actualidad presidía y dirigía uno de esos “think tank”, que agrupando a un grupo de sesudos analistas y politólogos venden sus informes sobre política nacional e internacional a su gobierno o a gobiernos extranjeros que estén dispuestos, eso sí, a pagarlos a precio de oro.
El día de Nochebuena de 2,010 nuestro hombre esperaba un tren de cercanías para llegar pronto a su casa y celebrar en familia la Navidad de Cristo. Nunca llegó a su casa y unos días más tarde, como en las películas, un mendigo, rebuscando en un vertedero de basura encontró el cadáver del desafortunado, con signos de violencia y sin haber sido robado. El dictamen de la autopsia y de la policía fue: homicidio o en su caso asesinato sin móvil de robo.
Sin embargo, todo apunta a que se trata de un asesinato político y por cualquiera de las muchas causas o motivos que los que ordenaron matarlo han encontrado en este hombre que representa en su fotografía a un norteamericano tipo de sesenta y cinco años, de cara redonda, cabello blanco y que después de ser combatiente en Vietnam, presidió la Asociación de Veteranos. Como resulta que todos los años y en muchas partes del mundo se producen decenas de estos asesinatos, surge la pregunta “¿Quién ordena este tipo de ejecuciones?”.
La opinión pública está dividida más o menos en igual proporción entre los que creen que son puras casualidades o delitos comunes que tienen aspecto de otra cosa y los que creemos que existe un reducido grupo de personas que por encima de los tres poderes clásicos del Estado e incluso del que representan ustedes y sus periódicos, es decir, el cuarto poder, representan la última instancia de decisión no democrática y al que podemos llamar Quinto Poder. Fue en las películas de James Bond de los años 60 y 70 cuando empezamos a ver que una organización llamada Spectra al mando de un señor al que nunca se le veía el rostro pero eso sí, acariciaba un gato de angora, dominaba el mundo quitando y poniendo gobiernos y si era necesario, chantajeando a los irreductibles, pues su poder económico-industrial, era inmenso. En las escenas en donde nos enseñan sus reuniones, aparecen diez o doce caballeros de distintas nacionalidades y razas que representan a otras tantas zonas del mundo y que además se reparten entre ellos las responsabilidades económicas, estratégicas, políticas e industriales.
Aproximadamente en esas mismas décadas empezaron a publicarse, a principio de forma tímida y después más a las claras, algunos artículos periodísticos y después libros que nos hablaban de la existencia de un llamado “Gobierno Mundial”, que con sede según unos en Nueva York y según otros, disperso por el mundo pero con reuniones periódicas, ejercía de manera análoga a como lo hacía Spectra. En ambos casos, cuando algún personaje de cualquier nivel no obedecía sus instrucciones, eran de manera inmediata eliminados físicamente, utilizando como brazo ejecutor a miembros de servicios secretos o agencias de seguridad desconocidas o como en el caso del atentado a Juan Pablo II a un extremista convenientemente envenenado ideológicamente.
