El reclamo de Okinawa
La batalla de Okinawa, al inicio del territorio japonés por el sur, a finales de la contienda bélica del Pacífico, durante la segunda guerra mundial, tiene un valor emblemático para aquel pueblo.
El expansionismo nipón había sido derrotado en todos los ámbitos asiáticos, continental e insular, el combate final se iniciaba en el archipiélago Ryuky. La resistencia y el rechazo del pueblo y las fuerzas armadas japonesas, quedaron grabadas de manera singular e imborrable en la Historia. Solo los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki lograron la rendición de la nación.
Transcurrido medio siglo, aquel espíritu nacional no ha variado reclamando la salida del enorme complejo militar norteamericano en Okinawa. El nuevo Gobierno y el Parlamento japonés tienen la responsabilidad sobre el reclamo pacifista.
Sin embargo, nuevos aires bélicos asoman en el Extremo Oriente, y en otras latitudes aun más graves, acompañados de profundas y complejas crisis económicas y para el medio ambiente, difíciles de pronosticar en toda su magnitud.
La paz y la inteligencia mundial definidas en los gobiernos más poderosos, no parecen alcanzarse, definitivamente. Okinawa, es una pequeña muestra, aunque bien representativa.
Empero, el suelo surafricano víctima del colonialismo, muestra la capacidad de servir de anfitrión para un evento tan representativo como el Campeonato Mundial de Fútbol, donde Nelson Mandela, líder del pueblo surafricano y en el Tercer Mundo, se confunde con atletas de todos los continentes, en un encuentro ajeno a aquella problemática.
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