El regreso de "la fuerza"
Bien organizados y festivos, los desfiles patrios volvieron a demostrar la forma cómo cada panameño quiere a su país. Las marchas de guerra fueron reemplazadas en algunas ocasiones por ritmos musicales populares, y en las aceras miles de panameños las disfrutaron. Todos los colegios, instituciones públicas y organizaciones cívicas se propusieron mostrar toda su estructura y recursos... especialmente los organismos de orden público.
Después de veinte años de desaparecidas constitucionalmente, las fuerzas militares parecen registrar buena salud, sobre todo las unidades del Servicio de Frontera, a los que nadie en su sano juicio podría describir como policías. Por su equipo, entrenamiento y vestimenta no hay duda de que el país se encuentra ante la nueva semilla de un ejército, conformado hoy por más de tres mil soldados. La excusa oficial para su desarrollo ha sido el conflicto que registra la hermana república de Colombia, y que creó situaciones especiales en la fronteriza zona de Darién. Los ejércitos siempre han servido para el ejercicio de la soberanía sobre un determinado espacio territorial, y las implicaciones económicas y políticas del mismo. En Panamá, como en América Latina, la historia reciente habla de dramas y dolores provenientes de esos cuerpos, poco involucrados en guerras supranacionales y más comprometidos con la persecución de sus propias sociedades. Es de esperar que quienes lo promueven ahora sepan en qué dirección lo llevan, porque como Frankenstein en ocasiones, el monstruo cobra vida y voluntad.
