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El remedio del transporte urbano


A veces el remedio es peor que la enfermedad , así nos parecen algunas decisiones tomadas con muy buena intención por nuestros gobernantes para hacerle frente a algunos problemas que vienen aquejando a la comunidad desde hace fechas. Me refiero al patético problema del transporte urbano. Por años, y a través de sucesiones de gobiernos de distintos partidos, se ha planteado el problema del transporte urbano. Poco pudieron hacer.

A cada rato en las arterias importantes nos encontrábamos con buses dañados porque el tren trasero se les había desprendido, o vacíos con la puerta trasera abierta en señal de desperfecto. Y así una multitud de comentarios negativos contra la omnipotencia de los “diablos rojos”. Y había que seguir buscando el remedio. Paros, cierres de calles, suspensión del servicio, negociaciones con un grupo, con el otro grupo, indemnizaciones de miles, de millones, etc.

Hasta que por fin se introdujo la novedad del metrobús como sustitución de los “diablos rojos” con todas sus negatividades. Todo dio la impresión de progreso. Se exhibió el nuevo proyecto como respuesta a una deuda de respeto con la comunidad. Al menos en teoría se habló de puntualidad, de frecuencia, de aire acondicionado, de comodidad, se han ampliado los sitios hasta donde llega el servicio. Este es el remedio.

Pero en días pasados, los medios de comunicación televisivos nos presentaron con lujo de detalles el tumulto humano de hermanos panameños que luchaban por conseguir un cupo en un bus, en franca y peligrosa arrebatiña mañanera, desesperación y disgusto, ya que todos anhelaban desde horas de la madrugada un transporte para llegar a sus trabajos en la capital. Era un espectáculo deprimente que no se merece el pueblo sencillo y trabajador que cree en las promesas y que se ha quedado esperando y comprobando que el remedio al quitar los “diablos rojos”, hoy muy apreciados, ha resultado peor que la enfermedad.

Hay multitud de problemas que hay que reconocer, pero que no todos se pueden resolver de un plumazo, pero también sabiendo que con estos bueyes hay que arar, lo menos que podemos hacer es prometer solucionarlos, ya que la solución es materia de tiempo. Los tuvimos en el Panamá de hoy, tenemos que admitir que hemos tenido que esperar, ver, sufrir y protestar hasta tener lo que tenemos. Tampoco se pueden hacer todas las obras al mismo tiempo , como si se cumpliera aquello del colombiano Rufino Cuervo: “Quien quiera conocer Panamá, que corra, porque se acaba”. Lo dijo en el siglo 19. Estamos en el 21 y todo indica que, por el momento, no se acaba.

Sacerdote jesuita.