El resurgir de Barú
El ministro de Desarrollo Agropecuario, Emilio Kieswetter, anunció la semana pasada que una empresa de capital panameño adquirió las tierras de la antigua Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles Fruit Company (Coosemupar).
La transacción incluyó 13 fincas con un total de 5,600 hectáreas, cuyo valor alcanza los $40 millones. La única condición que puso el Estado es que el nuevo proyecto genere al menos 2 mil empleos en la región.
En 1,600 hectáreas se sembrarán plátanos, cítricos y palma aceitera, productos con los que se espera reactivar la ya casi inexistente economía en Puerto Armuelles.
Esta otrora pujante región se ha convertido en un pueblo fantasma, de calles polvorientas y vacías debido a la marcada emigración.
La situación es tan crítica que hay una considerable cantidad de familias que vive en extrema pobreza, con altos niveles de desnutrición.
El distrito de Barú vivió décadas de bonanza desde que en 1927 la Chiriqui Land Company, subsidiaria de la transnacional estadounidense United Fruit Company, se estableció en el lugar.
Hasta principios de la década de 1990, la prosperidad de Puerto Armuelles atrajo a miles de trabajadores provenientes de diferentes partes del país.
Esta situación contrasta radicalmente con el 70% de desempleo que existe actualmente en el área y el éxodo masivo de baruenses.
El anuncio de Kieswetter es una luz al final del oscuro túnel para esta desesperada región, víctima de proyectos inexistentes y fallidos, y de gobernantes que utilizaron los magros recursos del área para sus beneficios políticos.
Los baruenses deben tener claro que para aprovechar al máximo la oportunidad que se les presenta, es importante no olvidar los errores del pasado.
El sindicalismo a ultranza y los falsos mesías acabaron con una lucrativa actividad. Barú tiene la oportunidad de resurgir de sus cenizas; la nueva empresa, la comunidad y el Gobierno tienen la responsabilidad de manejar de manera responsable esta coyuntura.
