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El retrato de la corrupción

Por: Redacción 16/01/2015

Todos los que formamos parte de la sociedad honesta estamos en contra de la corrupción y deploramos hasta la saciedad que los dineros del pueblo sean parte de la fortuna malhabida de falsos ricos y de ricos que en verdad son pobres (sinvergüenzas), por eso al intentar hacer un retrato de la corrupción, debemos trascender las fronteras del periodismo y cabalgar por los pinceles del arte para dejar sobre el lienzo de la historia la decadencia del siglo en que vivimos.

Todo rostro es un libro abierto, cada arruga y doblez de la piel dicen más de nuestras pasiones y de nuestras excentricidades que de los años que nos adornan. Y si los ojos son las ventanas del alma cuán fácil es para un artista ver dentro de esa oscuridad los diablitos que la atormentan y con los que también atormentan a otros.

Todo buen periodista es un artista, la narración, la descripción del hecho en la forma que sea son sus pinceladas, el análisis y la investigación son su genio, porque aquel que sabe interpretar una sonrisa tiene la capacidad para descubrir al mentiroso y lo que es mejor al hipócrita, como la sonrisa de la Mona Lisa, que para unos es una mueca, mientras que para otros es una burla.

Retratos y autorretratos hay muchos, y cada cual muestra una vorágine, aunque sea el rostro lánguido de una virgen o el retrato del “Caballero de la mano al pecho” que pintara el Greco, estilizando y alargando el rostro de sus modelos, dicen que era por un problema óptico, como muchos de nosotros los periodistas que sufrimos de estrabismo y que tal vez, por esa causa, distorsionamos hechos.

Pero hay quienes arrastrados por la fatalidad se inmolan, como Van Gogh, que no disimuló en su autorretrato la angustia que lo consumía; sus grotescas pinceladas son páginas escritas que narran con tal belleza su dolor, como lo hace una ostra en las profundidades del mar, que herida convierte sus lágrimas en perla. Solo un genio, solo un artista, solo una ostra es capaz de tal alquimia, de transformar como Jesús su dolor en perdón, es decir en amor.

TODOS HEMOS ESGRIMIDO EL PINCEL PARA DARLE VIDA AL RETRATO DE LA NUEVA PANAMÁ, QUE EL GOBIERNO DE RICARDO MARTINELLI RESALTÓ...

Miguel Ángel Bounarroti, cuando pintó los frescos de la Capilla Sixtina, dicen que por discrepancias con el papa de ese entonces, metió en el infierno que pintaba a algunos hombres de la Iglesia y a otras personas no dignas de su estima, quizás su genio de artista y el de todos los artistas que inmortalizan el bien y el mal le otorgó dicha autoridad para escarnio y gloria de la humanidad. Ese es el caso del Retrato de Dorian Gray, un cuadro que jamás se pintó, porque como dice Oscar Wilde en su novela: “es al espectador y no a la vida a quien refleja el arte”; y Basil Hallward, el pintor del cuadro en la novela, pone todo su genio creativo y artístico para retratar la belleza de todos nosotros, como en realidad lo somos, lo que le toca a cada quien es descubrir con su propio retrato en la mano, quién realmente es. Porque corrupción no solo es robar dinero, sino también todas las malas acciones e intenciones que salen del corazón. “El que siembra para la carne de la carne segará corrupción” (Gálatas 6: 8).

Todos hemos esgrimido el pincel para darle vida al retrato de la nueva Panamá, que el gobierno de Ricardo Martinelli resaltó en el mundo como si fuera uno de los más bellos murales de Salvador Dalí. Esa era nuestra imagen, ¡de repente!, el bello retrato de la ciudad comenzó a desdibujarse con la intentona golpista de Bocas del Toro y Changuinola, la escaramuza de Colón, las huelgas técnico médico hospitalarias que le negaron sus servicios a la población más vulnerable del país, el metrobús como desestabilizador de la comunicación masiva y terrestre, el cierre de las escuelas y el aumento (raro) de la ministra Molinar a los educadores en los momentos más críticos y cuestionados de la calidad educativa y la inercia de Seguridad Nacional frente a todos estos hechos.

La corrupción galopante contra las arcas del Estado de aquellos políticos, funcionarios y amigos que traicionaron la confianza que Ricardo Martinelli y el pueblo panameño depositaron en ellos nos dan las últimas pinceladas de un retrato hecho por todos nosotros, que si lo develamos en verdad un día, ¡nos espantaríamos!, al igual que aquellos que se vieron en el infierno que pintara Miguel Ángel para la Capilla Sixtina.

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Miércoles 5 de agosto de 2026