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El retroceso de nuestros partidos políticos

Por: Redacción 06/08/2015

Recuerdo que una de las cosas más complicadas en este país era la vida de los partidos políticos. Electoreros, nuestro pasado republicano está lleno de organizaciones cuyo único propósito era impulsar la candidatura de su caudillo y amigos o socios. Ligas y movimientos, frentes y coaliciones, cualquier nombre era bueno para llamar por algo con un poco de disimulo, a esas organizaciones tan particulares, literalmente hablando.

Desde el retorno de la democracia a nuestro país, se pensó cambiar esa situación y darle vida a la actividad partidista. La idea era fortalecer la democracia con partidos permanentes, que gozarán de vida interna más allá de un periodo electoral.

De esta idea surgen iniciativas como el subsidio electoral, las comisiones para revisar el Código Electoral cada 5 años, etc.

Pero hay que ser honestos. Hoy en día, hemos regresado a las primeras épocas de la República. Hay partidos políticos, en realidad todos son así, que responden o a intereses de conglomerados económicos o a particulares cuyo único propósito es ejercer el poder de manera particular, no como parte de un proyecto, sino para satisfacer egos y proyectos empresariales o similares.

Los partidos políticos actuales carecen de ideología, doctrina, programas, estructuras operativas, centros de pensamiento, iniciativas de recaudación de fondos, debate interno, comisiones de fiscalización de la labor de gobierno. En fin, han abandonado la idea inicial y han regresado a ser franquicias disponibles al mejor postor una vez quienes las regentan decidan que es el momento de ponerlas en venta al mejor postor.

Sí, es cierto. Algunas organizaciones disimulan muy bien y organizan cada tantas jornadas de conversaciones inútiles, o torneos electorales internos tan condicionados, tan construidos para que solo ciertas personas ganen, que se convierten en una pantomima de lo que debería ser.

Panamá es un país que claramente se ha acostumbrado a su población al sistema clientelar de hacer política. Con casi la mitad de su población adulta inscrita en partidos políticos, deberíamos tener una vida política interesante. Esto no es así. Los torneos electorales internos de cada partido lo demuestran. Es muy raro que participe el 30% de la población inscrita en cualquier evento. Y cuando así hacen ver que fue, claramente es utilizando artes de manipulación o mintiendo directamente.

El ser precandidato presidencial deja dividendos. Muchos ya saben que no llevan ninguna oportunidad, o sencillamente no tienen lo que se necesita para lograrlo, pero se ubican en una posición de visibilidad para subir al "carrito ganador" del momento y vender una aureola de triunfo.

Ya en nuestro país no asombra ningún tipo de alianza electoral. Como todos piensan igual, da lo mismo todo.

El Tribunal Electoral de Panamá es, en parte, gran responsable de esta situación. Nuestro regente en materia electoral se ha convertido en una organización paquidérmica y anquilosada en mantener el statu quo, llegando al punto de proponer reformas posteriores a eventos electorales, cuando se debió hacer antes las mismas.

La forma como se distribuye el subsidio electoral claramente hace del mismo un botín para quienes se enquistan en las direcciones de las organizaciones políticas, convirtiéndolas en agencias de empleo ya sea en gobierno u oposición a la vista de todos. De alguna manera, hay que revisar si lo que hace el Tribunal Electoral en materia de partidos políticos y elecciones es lo que necesita un país que aspira a ser moderno como el nuestro.

Capacitaciones sin sentido, base o contenidos útiles, son pagadas por millones y parece que a nadie le importa realmente si los contenidos de los mismos brindan algún aporte al desarrollo electoral del país.

Necesitamos hacer una alto y buscar las mejores ideas para mejorar esta situación. Igualmente hay que trabajar en la consolidación de liderazgos juveniles, creación de centros de pensamiento, apertura de espacios de debate de ideas. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de terminar con un sistema anquilosado en el pasado.

No podemos seguir retrocediendo en materia política y, para colmo, financiándolo con los impuestos de todos. La Asamblea Nacional es el reflejo de la sociedad y está a la vista de todos la realidad y el nivel de debate. Los que la integran no son elegidos por marcianos. Son electos por cada panameño.

Consolidar la democracia requiere de un trabajo del día a día. Pero también requiere evaluar si lo que se hace va por el camino correcto y, de no ser así, corregir rápidamente. Si no, seguiremos en el siglo pasado, a la espera del próximo caudillo al cual le aplaudiremos cualquier tontería que se le ocurra decirnos.

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Viernes 31 de julio de 2026

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