El sector agropecuario y la alimentación
La espinosa situación del sector agropecuario, así como su vinculación con las dificultades en el plano de la alimentación, constituyen una clara demostración de que el actual modelo de desarrollo del país resulta incapaz de resolver plenamente los problemas fundamentales de la población.
Esto se hace evidente si se tiene en cuenta que mientras que en 1999 el sector agropecuario representaba el 5.4% del producto interno bruto del país, actualmente no llega a explicar más allá del 2.9% de este agregado. La situación concreta de la producción de alimentos resulta, sin embargo, todavía más dramática. De acuerdo a datos de la FAO, los cuales están destinados a establecer la disponibilidad de alimentos a partir del esfuerzo local, se puede establecer comparando el promedio anual observado en la década de los años noventa con el registrado en el quinquenio que va de 2006 a 2010; en ese lapso temporal, el valor de la producción de alimentos por personas en nuestro país se redujo en aproximadamente 8.0%. Esto resulta paradójico si se tiene en cuenta que entre este periodo de referencia la economía panameña se expandió a una tasa promedio anual equivalente al 10.0%.
El atraso y descuido de la producción agropecuaria nacional se evidencia también en el hecho, nuevamente registrado por la FAO, de que apenas el 7.8% de la tierra arable se encuentra equipada para ser irrigada, cifra que resulta muy inferior al promedio latinoamericano, que alcanza al 13.3%. En estas condiciones, vale la pena añadir, el país depende cada vez en mayor medida de las importaciones para poder atender la demanda alimenticia de los ciudadanos. De acuerdo a la FAO, el coeficiente de dependencia externa en el caso de los cereales, que el trienio 1990 – 92 alcanzó al 42.1%, se encuentra en la actualidad en un nivel cercano al 70.0%. Las últimas mediciones de este organismo, realizadas para el trienio 2008-2010, muestran, además, que por cada dólar que el país exporta en mercancías realiza importaciones de alimentos por $70.00
A esto se debe agregar que, también de acuerdo a cifras de la FAO, aproximadamente quinientas mil personas, es decir el 10.2% de la población panameña, se encuentran en condiciones de subalimentación, en este caso también se presenta una situación que resulta peor que la del promedio de América Latina, donde este indicador es de 8.1%. Así mismo, en referencia a la dinámica de los precios se puede señalar que entre 2011 y 2012 el índice urbano de precios de los bienes alimenticios del Inec se elevó en cerca del 8.0%, en condiciones en que el índice de precios de los alimentos de la FAO se redujo en 7.0%. Esto confirma la presencia de una actividad especulativa por parte de quienes importan y comercian con los bienes alimenticios, que afecta principalmente a los más pobres, quienes, de acuerdo a cifras disponibles, utilizan cerca del 52.0% de sus ingresos en la compra de alimentos.
Que la presencia de estos fenómenos no son del interés de los actuales gobernantes se hace patente en las recientes declaraciones de los más altos personeros oficiales del sector, quienes han llegado a señalar que la solución del problema no está en un cambio de la política aplicada, sino en una simple reorganización burocrática del Ministerio de Desarrollo Agropecuario.
Los llamados partidos de oposición no han avanzado más allá, mostrando programas y propuestas vacías con referencia a los problemas de la seguridad y soberanía alimentaria. No es casual que a todos estos, cuando les ha tocado ejercer el poder, se han inclinado de la manera más plena hacia la política aperturista, la cual destruye las bases de la seguridad y la soberanía alimentaria. En efecto, los partidos tradicionales de la llamada oposición, controlados como están por los intereses económicos dominantes, no solo son incapaces de denunciar la especulación comercial, así como la política agropecuaria errada y claramente fracasada que, basada en los conceptos neoliberales aperturistas, intentó prácticamente eliminar la producción de alimentos para el mercado interno y promover la producción para el mercado externo.
Se trata, además, de un política que desprotege al productor nacional, obligándolo a una competencia asimétrica con los poderosos capitales externos, los cuales no solo gozan de un elevado poder monopólico, sino también de la protección de sus respectivos Estados.
Frente a esta política, las fuerzas independientes y patrióticas hacemos énfasis en establecer una nueva política agropecuaria que responda a los intereses de la seguridad alimentaria basada en las fuerzas propias. Esto es lo que entendemos por soberanía alimentaria.