El sentido de la educación
La educación es un tema que no cansa ni permite que lo ignoremos porque alrededor de la misma está el desarrollo de un país; por lo tanto, lo que se diga es poco en relación a las ventajas que se obtienen del mismo. Cada día me preocupa más el descalabro educativo panameño que obstaculiza el adelanto de Panamá ya que, sin educación acertada no podremos avanzar. No es que los niños trabajen o no; tampoco de qué trabajen porque todo trabajo dignifica y nos enseña desde muy temprano a defendernos en la vida y a surgir, a pesar de ciertas circunstancias que, para los que están acostumbrados a luchar, no resultan obstáculos.
Lamentablemente, el mandamás de hace muchos años eliminó el inglés de las escuelas, cuando se generalizaba su uso mundial, lo que nos ha llevado a tener algo en contra en la educación de los jóvenes y a no encontrar mano de obra especializada para trabajos, empresas que han deseado instalarse en Panamá y en el desenvolvimiento de esa juventud en las universidades. La mayoría de los alumnos que finalizan la secundaria no alcanzan la nota para ingresar a esa universidades por falta de preparación en español, matemáticas, física y otras materias necesarias. Si bien nuestro país tiene el beneficio de prestar servicios, nuestro desarrollo se limita por la educación deficiente que reciben los estudiantes.
Me pregunto qué sucede en la Normal de Santiago donde se forman los maestros para que estos salgan tan mal preparados. ¿Es, acaso, que quienes allí mandan obstaculizan la entrada de un excelente cuerpo de profesores para que nuestra educación no progrese? Pareciera que, quienes allí mandan trabajan bajo cuerda para que nuestro pueblo no se eduque lo suficiente y permanezcamos aptos para regímenes no deseables en el mundo. Si los maestros son deficientes, ¿cómo educarán a los niños que les toca enseñarles? Me duele ver la diferencia con los años en que cursé el primer ciclo en aquella escuela con tremendos profesores.
Solo me resta pedirle al Ministerio de Educación que acelere las reformas educativas y a los educadores que permitan las mismas y se dejen de obstaculizar todo con fines malévolos. Nuestra juventud va primero y sus intereses estarán por encima de los educadores retrógrados que buscan hundir la educación evitando el desarrollo del país. Deben unirse ambos sectores para luchar en bien de una niñez y juventud bien educada y balanceada como método de luchar contra la pobreza.
marisin@cableonda.net
