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El servidor público: ilusión o posibilidad

Por: Redacción 21/09/2016

    En una ocasión leí un artículo aparecido en un diario la localidad un retrato escrito sobre los empleados públicos de una realidad existente del ayer, del hoy y si no hacemos algo, de siempre.

   En este artículo se pintaba a los empleados públicos del gobierno panameño como seres carentes de decisiones, criterio y pensamiento propio por temor a perder un trabajo. Las realidades expuestas en dicho artículo son realidades que históricamente han acompañado la administración gubernamental y que al igual que los gobiernos anteriores, este también heredó y, por lo tanto, no es ajeno a la misma.

   Lo que sí nos parece importante resaltar es el hecho de que se pasó por alto que existe otra realidad que es necesario resaltar. Se trata de la del servidor público. Quizás fue por desconocimiento o por la casi inexistencia de esta especie. Debemos hacer la diferenciación entre ambas especies, la del "funcionario o empleado público” y la que nosotros llamamos "servidor público”.

   El servidor público llega todos los días con la mejor disposición. Es el que trata de crear un mejor Panamá. El que su convicción le permite hacerle frente a los desacuerdos, a las mentalidades negativas, a las miradas de otros funcionarios públicos que no comulgan con los estándares que esta nueva clase de funcionarios traen a la administración gubernamental. Este servidor público es el que trata de manera amable y honesta de ayudar a las personas; que desea disminuir la burocratización, que no desea ser un obstáculo, sino un facilitador. Es aquel que, pese a todo, no piensa de sí mismo como un empleado público, tal cual nuestra cultura panameña nos los ha plasmado en la mente.

    Es aquel que anhela que se reconozca que el servidor público tiene una vocación gubernamental, el que quiere que su Panamá sea más grande que ayer y más grande que hoy. Que tenga más gloria. Es aquel caballero o dama que valora su puesto y da más del 100%; el que busca la satisfacción de un trabajo arduo bien hecho, la recompensa de su propio patriotismo, porque sabe que el futuro de este país no le pertenece a él, sino a sus hijos, hayan o no nacido.

    De estos servidores públicos, los gobiernos no heredan muchos. Pero tampoco se esfuerzan por preocuparse de inculcar esta filosofía de trabajo y menos por contratarlos o retenerlos. Sus empleadores están preocupados de llenar sus cuotas de promesas políticas sin importar los requerimientos y personalidad necesarias en cada uno de las vacantes existentes. Para empezar, las vacantes se producen destituyendo a los que pertenecen a los partidos opuestos al partido que asciende. La Carrera Administrativa es una carrera sin administrar o una ilusión escrita.

   Hay muchas cosas que debieran estar haciéndose, no solo para cambiar la imagen, sino para cambiar la mentalidad, actitud y profesionalismo de los funcionarios estatales a través del uso de la tecnología y entrenamientos continuos. Debe acercarse el Estado al ciudadano y no al revés. No podemos negar que se han hecho intentos. Se han creado:

  1. El Centro de Asistencia Ciudadana 3-1-1, el cual está equipado con las más moderna tecnologías y personal altamente capacitado que atienden las denuncias, quejas y sugerencias, así como consultas de información de requisitos para efectuar trámites con el Estado, a través de la línea telefónica 311 desde cualquier teléfono fijo o celular, y de manera electrónica a través de correo electrónico, de la página web o de las redes sociales. Un centro (contratado a una empresa privada) que recibe y despacha las llamadas recibidas a las diferentes instituciones gubernamentales responsables de ejecutar la acción que lleve la respuesta efectiva y eficiente al ciudadano. Pero una vez que sale del centro de atención queda en manos de funcionarios públicos, donde la filosofía del poco me importa tiene su reinado donde el pueblo no es el primero.

  1. También esta Panamá en Línea, cuya finalidad es la desburocratización del Estado y que permitiría el intercambio electrónico de datos entre instituciones con el fin de ir desplazando el uso del papel en la gestión gubernamental, trayendo beneficios entre los que podemos mencionar: la reducción de tiempo en los trámites de una manera ágil y transparente, optimización de los recursos del Estado y ahorro en materiales, contribuyendo con esto en una mejora significativa del medio ambiente, el que no le pidan al ciudadano información existente en las bases de datos del Estado, etc.. Esto no es un programa, es una ley de la República (Ley No. 83 de 9 de noviembre de 2012) que como tantas otras leyes han sido sancionadas y los empleados públicos les importa un comino con ellas, ya que atentan contra el derecho del “que hay pa' mí” o el “del servicio de paso expedito” si cooperas con ellos.

Cómo se explica que en el Tribunal Electoral para tramitar la renovación de una cédula te exijan una copia de la misma, cuando ellos son los que emiten este documento y tienen toda la información del ciudadano en línea, incluyendo la foto. Pero el empleado público responsable de aceptar la solicitud muy campantemente te dice: si no trae la copia de la cédula no habrá trámite. Y la ley?, muy bien gracias. Podríamos dar decenas de ejemplos. Una ley pensada y escrita por servidores públicos pensando en el pueblo, pero encarcelada por empleados públicos que intentan proteger sus “derechos adquiridos”.

    Si queremos que los funcionarios públicos del futuro lleguen a trabajar a las instituciones del Estado con la mentalidad de servidores públicos, con un alto grado de escolaridad y que su trabajo no tenga que ver con los vaivenes de la política y donde se valore su trabajo, se hace necesario elevar el currículo escolar desde nuestra educación primaria; adecuar el pénsum universitario a las necesidades del mundo actual y futuro y no continuar con realidades del Siglo XX; se hace necesario invertir en el mejoramiento de las infraestructuras viales hoy y no mañana si queremos aspirar a dejar de ser un país tercermundista;se hace necesario inversiones en el mejoramiento de los sistemas de seguridad y penitenciarios, los servicios de salud. Contar con instituciones modernas, eficientes y transparentes del cual nos podamos sentir orgullosos.

    Los servidores públicos, porque si los hay, son los que aprecian la sonrisa de un niño, la mirada de una niña, escuchar la voz de un anciano, encontrar el toque de ese ser que vive en la pobreza y saber que ese agradecimiento sincero, por corto que sea, es igual a la satisfacción del deber cumplido.

   La modernización y desburocratización de la gestión gubernamental no se puede lograr con deseos o planes de gobiernos quinquenales, necesitamos apretar el acelerador del carro y no continuar tirando de las riendas de un coche guiado por caballos (aunque sean de purasangre) que avanza a un ritmo que los panameños no podemos seguir aceptando. La economía de Panamá es la que más crece en latinoamérica, pero seguimos siendo tercermundistas y mucho se debe a las actitudes enquilosadas del funcionario público y la del juega vivo. Como dijo San Augustín (430 DC):a fuerza de aceptarlo todo, finalmente lo aprobamos todo”.

   Sin cuestionamiento alguno, los empleados públicos existen. La meta de todo gobierno debe ser convertirlos en servidores públicos. Que no sea esto una ilusión. Todavía tenemos la posibilidad.

Exalumno del Instituto Nacional, Generación 64-65



 

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