El sofisma de la guerra a las Farc en Panamá (I)
Las declaraciones del ministro de Seguridad Pública de Panamá, José Raúl Mulino, sobre como combatir “el enemigo común” de las Fuerzas Revolucionarias de Colombia (Farc) que afecta la seguridad de Colombia y Panamá, en la zona fronteriza del Darién han desatado una tormenta política en Panamá. Declaraciones que entregó el ministro tras una serie de encuentros con el presidente de Colombia Juan Manuel Santos, el ministro de Defensa Rodrigo Rivera y otro altos funcionarios de los organismos de seguridad de Colombia en Bogotá, en los cuales se discutió la firma de un futuro protocolo de seguridad y cooperación para lucha contra el narcotráfico y otros delitos conexos entre los dos gobiernos.
Lo que expreso el ministro panameño fue que “las FARC son un enemigo común" para los dos países, en virtud de que la guerra es contra los carteles del narcotráfico” y reiteró que “el compromiso del Gobierno panameño es de trabajar con Colombia para fortalecer la lucha contra el narcotráfico e impedir que las Farc pase a territorio panameño a ejecutar actos delictivos".
Los primeros en rechazar las opiniones del ministro Mulino fueron algunos miembros de la oposición, los cuales encontraron argumentos en las páginas de los diarios La Estrella de Panamá, que tituló “Mulino nos metió en guerra con las Farc” y El Siglo que aseguró: “Nos metieron en la guerra colombiana”. Puntos de vistas que fueron igualmente reproducidos en varios programas radiales y de televisión, en donde se pregonó exageradamente que el Gobierno de Martinelli le había declarado la guerra a la Farc y eso significaba un alto riego para la seguridad panameño. Evidentemente que se descontextualizaron las opiniones del ministro Mulino con titulares sensacionalista que trasmitieron pánico y zozobra en la sociedad panameña al dar la impresión que Mulino había hecho una declaración de guerra a la guerrilla de las Farc.
Indudablemente que Panamá no se debe involucrar de manera directa en el conflicto interno de Colombia, pero el deber de su gobierno es evitar que su territorio se convierta en un santuario para la guerrilla colombiana. Igualmente es claro que los delitos que cometen las Farc con el tráfico de droga, de armas y el lavado de activo tienen graves repercusiones no sólo en Colombia y Panamá, sino en el mundo, debido a que el narcotráfico se convirtió en un problema transnacional.
La cooperación entre Colombia y Panamá debe ser un factor preponderante en la lucha contra el narcotráfico y el blanqueo de dinero y, como bien lo señaló el ministro Mulino “Panamá y Colombia tienen una agenda común en la lucha contra el narcotráfico y por eso le pedirá a la Cancillería panameña que se revisen los acuerdos firmados con Colombia en materia de seguridad”.
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