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El supermercado universal


‘Supermercado Universal’ describe cabalmente lo que una buena parte de la población mundial ha llegado a esperar y tomar como ocurrencia diaria en sus hábitos de compra y alimentación. En ese supermercado universal se encuentran productos alimentarios frescos o procesados provenientes de todos los continentes y rincones del mundo: fruta decidua de Chile, California o Marruecos, o tropical de Costa Rica, Guatemala, Haití o, ¿por qué no?, China; vinos europeos, sudamericanos, californianos y de Sudáfrica; quesos hechos con leche de vacas que mugen en docenas de países y bajo todos los climas; pescados capturados en Alaska o Noruega, junto a mejillones de Nueva Zelanda y camarones criados en estanques en Vietnam.

Si pensamos en productos alimentarios procesados, la variedad es aún mayor, y no solamente en el origen de las latas, cajas o productos unitarios, sino en el de los múltiples ingredientes que componen cada uno de estos. No es raro que una sola sopa en lata contenga ingredientes provenientes de más de una docena de países de varios continentes.

El supermercado universal … sí, y también perenne, porque el consumidor ha llegado a esperar, o más bien a exigir, ya no solamente los productos de todo el globo, sino que estos estén disponibles, al alcance de su necesidad o capricho, todo el año en todos los lugares.

Por supuesto, el mantenimiento del supermercado universal requiere un aparato productivo y logístico global impensable hace apenas unos años. Sistemas de producción agrícola y pecuaria masivos o sistemas muy extensos y complejos de recolección de productos primarios a partir de múltiples unidades productivas, cadenas de transporte y almacenaje que circundan el planeta, y gigantescos centros de recolección y distribución. Nada más ni nada menos que el sueño de cucarachas, moscas, arañas y otros insectos, así como de roedores de todo tipo portadores de parásitos y gérmenes locales que pasan así a ser también universales; y de virus y bacterias que -al contaminar los productos alimentarios y usarlos como vehículo- están listos para un tour del mundo.

Un muy elevado porcentaje de las enfermedades humanas -y no solamente las enfermedades transmitidas por alimentos, ETA - son zoonóticas, es decir, de origen animal y trasmisibles directamente de animales a humanos o de animales a productos alimentarios y luego a humanos. Por su parte, los alimentos vegetales y marinos, por naturaleza o mal manejo, presentan su propia gama de toxinas, contaminantes químicos tales como metales pesados y agentes biológicos potencialmente presentes que pueden causar ETA a los humanos.

Además de lo anterior, ya no se puede ignorar la contaminación intencional de alimentos, sea esto por motivos de terrorismo, ignorancia o mala fe por parte de procesadores inescrupulosos (como el caso de la melamina en fórmulas infantiles y leche en polvo). Cuanto mayor es el volumen de intercambio de un producto, mayores las posibilidades de que éste pueda ocasionar brotes masivos de enfermedades transmitidas por alimentos.