El teatro de los diputados
La democracia panameña anda huérfana de custodios. La mayoría de los diputados, que según la Constitución política deberían ser su sustento, en su ciega “obediencia” al Ejecutivo, actúan en la Asamblea Nacional como marionetas de teatro en contra de su propia institución al aprobar leyes de espaldas a sus electores.
En abierta contradicción a lo que dijeron en campaña, la bancada oficialista actúa hoy como lo hizo en su tiempo la nefasta “aplanadora del PRD”. Han plagiado los hábitos de aquella negra pesadilla que habían criticado, pues ahora la utilizan con igual irresponsabilidad política, como quedó en evidencia con el proyecto de ley que modificaba tres códigos y seis leyes. Durante las intervenciones del ficticio debate, ninguno de los diputados cuestionó y, mucho menos, anticipó la crisis que se veía venir. Con descarada pereza intelectual desoyeron el argumento de los trabajadores y burlaron las preocupaciones de los ambientalistas y de los representantes de la sociedad civil.
El resultado de esta falta de independencia institucional, unida a la ausente crítica y la pisoteada conciencia, dio como resultado -como quedó demostrado- la fórmula perfecta para un cóctel explosivo que reventó luego en Changuinola. Pero se ha abierto una tregua para revisar lo actuado. ¿Podrán esta vez los diputados con la responsabilidad que se espera de ellos? La respuesta la tendrán sus electores en las próximas elecciones.
