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El testimonio nacionalista borrado del mapa


El viejo mundo, Europa como suele llamársele, es admirado por esa reverencia que tiene por sus monumentos, edificios que expresan su pasado, su historia y por ello dedican sumas importantes de dinero, para su conservación. Su pasado, que le dice de donde vienen, por donde pasan y hacia donde se dirigen.

Algunos de esos retazos son el testimonio que le recuerdan a cada momento como se construyeron sus naciones, sus héroes; sus penas y desdichas, para tener siempre presente una suerte de empatía y sentimiento que su Europa, existe y quieren. Por eso respetan y gustan que se refieran a ellos como el mundo o viejo mundo. En nuestro continente latinoamericano, tenemos países hermanos que respetan su pasado, su historia y gustan exponerlas al mundo; toda una simbología que le dice a diario que ellos no son unos improvisados. Verbigracia México es unos de esos países y Chile, que pese haber vivido una barbarie , hacen honor a su cultura y historia.

¿Por qué las reflexiones anteriores? Porque considero que fue un acto de barbarie no conservar la antigua Embajada de los Estados Unidos, en la Avenida Balboa como un patrimonio y testimonio de nuestra lucha por perfeccionar nuestro estado nacional.

En ese sitio, por décadas , el sentimiento de amor por el país, se hizo presente.

Ese fue el lugar donde nosotros los panameños exteriorizamos, muchas veces con ira, con frustración, la impotencia de ver nuestro país mancillado por esa estaca de colonialismo, al punto que desde el exterior, nos miraban como eso, el país mancillado, humillado por la soberbia y prepotencia de un país poderoso, que nos negaba nuestro plena independencia y autodeterminación.

Fueron generaciones que en las paredes de ese edificio, plasmaron nuestra rebeldía, gallardía y dignidad, que teníamos una meta , alcanzar por fin la victoria. Cuentan, que el Dr. Fidel Castro, en sus mejores momentos de lucha antiimperialista, llegó a reconocerle al pueblo panameño, a sus estudiantes, el país de Latinoamérica, que no desmayaba en su lucha por lograr su liberación nacional.

Lo anterior no fue visto así por furibundos iconoclastas, descendientes de la vieja casta oligárquica que fueron cómplices de cuantos latrocinios y desvergüenza vivió nuestra patria. La orden fue demoler y reducir a ceniza ese edificio, pese a que se pidió que se preservara el mismo para albergar cultura e historia. Fue en vano. Pudo más la ideología del fenicio, del mercader, donde el pasado de lucha nacional no cuenta; eso es baratija de poca monta.