El tortuoso camino de la paz y la conciliación
La paz en una nación no surge así como por combustión espontánea. Largo es el proceso y largo es el camino. Ghandi decía que no hay camino hacia la paz, sino que la paz es el camino, pero nuestra realidad es que para llegar a transitarlo, las generaciones que ya han sido han tuvieron que pasar por el campo de batalla de largas y tediosas discordias de índole política. En otras naciones, la división entre los ciudadanos tiene su origen y su manifestación en la diferencia de los credos y la fe que se profesa; en nuestro país surge mayoritariamente como la semilla del distanciamiento político, que parece heredarse de generación a otra. A menudo, cuando uno pregunta los antecedentes de alguien, la contestación parte simplemente de la frase “ese pertenece a tal o cual partido”. La brecha es grande y ha partido lamentablemente de nuestra propia sociedad. La militancia política es buena, es necesaria, pero debería ser también así como un organismo auto confinado, que no permee en la familia, que no incida en el trabajo, que no logre una y otra vez esas primeras planas de los diarios.
Una gestión gubernamental que lleve el sello de eficiencia, debería pasar así, casi desapercibida, como el fiel de una balanza que regula simplemente la vida en sociedad, sin inmiscuirse en ella en forma alguna, sin trascender de una oficina pública, sin tener que divulgar sus logros, que al fin de cuentas serían también los logros silenciosos de toda sociedad, de manera impersonal. Pero cuando el ejercicio público infiere en nuestra población de una manera personal y se califica a quien gobierna como persona, no como gobernante, surgen las contradicciones que ordinariamente vemos. Discordias que son de parte y parte; rencores que se heredan; apego innecesario a posiciones transitorias; amnesia de aquellos tiempos que se fue también un ciudadano y rechazo al pensamiento ese puntual de que, a futuro, se ha de volver a ajustar esa camisa.
Por ello, la conciliación, el diálogo y las voces que llaman a un balance en sociedad, son factores importantes que nos hacen, como una nación, emprender en sintonía la marcha hacia el futuro, deponiendo odios e intereses que solo contaminan el progreso. Desafortunadamente, son pocas esas voces que nos detienen a pensar en la conciliación y el diálogo por el propio bien de nuestra sociedad. El precio por esa omisión será sin duda una generación futura que deplore en todos la actuación de ahora y la pérdida marcada de esa marcha progresiva que nunca se detiene cuando todos los sectores, absolutamente, encaminan su visión en el futuro de una patria.
Abogado