El transfuguismo
El transfuguismo ha sido tema para la redacción de millones de páginas a nivel mundial. Es un fenómeno que se ha paseado por la política de casi todos los países del mundo a lo largo de los años.
La mayoría de los analistas políticos le ponen una carga moral negativa al concepto. La Real Academia de la Lengua le da varias acepciones: Persona que pasa de una ideología o colectividad a otra; persona que con un cargo público no lo abandona al dejar el partido que lo postuló, y militar que cambia de bando en tiempo de conflicto.
Algunos politólogos han tratado de buscarle un ángulo positivo al señalar que el transfuguismo no sería criticable si fuera producto de una evolución ideológica, en la cual el político se convence de que el otro partido ofrece mejores condiciones a su pueblo.
Definitivamente, que ese no es el caso de los tránsfugas panameños, quienes más bien se ajustan a la última definición que le da la Real Academia: un militar que se cambia de bando en tiempos de conflicto.
Como quiera que se vea, el transfuguismo produce repulsa entre la opinión pública y evoca negociaciones oscuras entre políticos con pocos escrúpulos.
Por eso resulta altamente cuestionable que quien hasta hace poco fue presidente de la Asamblea Nacional, José Muñoz, se jacte de ser el cerebro del transfuguismo de miembros de partidos de gobierno y oposición hacia Cambio Democrático.
Muñoz no era un simple mortal hasta la semana pasada, durante un año manejó un presupuesto de casi 70 millones de dólares en un órgano del Estado con amplias influencias.
El salto de diputados, representantes y alcaldes de la oposición a CD ha estado rodeado de acusaciones de presunta corrupción, que no han sido esclarecidas aún.
Lejos de aplaudir estos misteriosos y cuestionados cambios, la opinión pública le atribuirá a Muñoz la profundización del deterioro que ha sufrido la política criolla en el último año. El transfuguismo condicionado o hecho bajo presiones no beneficia a nadie, mucho menos al país.
