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El valor de la amistad


Ayer se celebró el día del amor y la amistad. Si bien es cierto que esa no es costumbre panameña, es una linda ocasión para decir a los demás cuánto los queremos y cuánto significan para nosotros.

Hace un tiempo recibí un correo donde una madre le decía a su hija recién casada que no abandonara a sus amistades y la hija no lo comprendía. Es que resulta que cuando se tiene familiares, por más que los queramos y sintamos por ellos todo el amor posible, no los escogimos, solo los recibimos.

Sin embargo, los amigos han llegado para quedarse y, aunque pasemos tiempo sin verlos ni hablarles, sabemos que están allí para cuando los necesitemos.

La amistad empieza con un pedacito para crecer con el tiempo y favorecer a aquellos que la reciben porque no es el tiempo que pasamos con los amigos sino la calidad del mismo; muchas veces, cinco minutos pasados con un amigo valen más que un día entero y el recuerdo de esos minutos son incalculables si sabemos aprovecharlos. Para mí, todos los que quiero o me quieren, son mis amigos. Por esto, mis familiares que demuestran sentir algo especial hacia mi persona, son también mis amigos y ellos llegan a hacerme sentir aquel amor que permite la racionalización de la

vida en el destello de que ahora somos lo que queremos ser y no lo que se nos imponga a través de cualquier relación.

Un amigo es aquel que te conoce con solo mirarte, que sabe sobre ti todas las cosas que ha logrado acumular y, como te conoce tan bien, pasa por alto lo que digas o hagas porque para ellos no existe el egoísmo ni la reserva.

El amigo se da abiertamente y cada vez que pueda te incluye en los momentos de su vida. Para un amigo no existen limitaciones en el actuar, el pensar ni en la manera de conservar todo entre ellos.

Es tan hermoso tener amigos sin limitaciones. Por razones especiales, mis amigos desde mi juventud eran del sexo masculino y siempre fui feliz con ellos.

Un día comprendí la importancia de tener amigas y comencé a buscarlas porque sabía que no me llegarían solas y así empecé a tener mis grupos de amigas a quienes quiero mucho; sin embargo, siento algo especial entre los amigos y yo.

He sido sus confidentes, sus alcahuetas, sus llevadoras de todo. Pero han sido algo especial para mí.

A pesar de todo, soy feliz con mi parentela, con las amigas y con los amigos. Eso que llaman amor es el arte de sentir emociones porque con el amor das y recibes y eres feliz.

Médico.