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El valor de la familia en nuestros tiempos


Marisín Villalaz de Arias (opinion@epasa.com) / -

Sinceramente, no hay nada más grande que pertenecer a una familia que en realidad lo es y se comporta como tal en todo el sentido de la palabra. He escuchado muchas veces que las amistades las buscamos y la familia se nos impone. Sin embargo, formar una verdadera familia no es difícil si sabemos en qué consiste ese gremio que se llama familia. Si bien es cierto que empieza con un padre, una madre y hermanos, con el pasar del tiempo se amplía a los hijos, sobrinos, primos y demás miembros que conforman una agrupación indisoluble.

Desde luego que de esa primitiva familia se forman luego otras a medida que se casan los hermanos y tienen hijos que van formando nuevas células y que, a la vez, dan origen a nueva descendencia.

Lo triste que sucede en ocasiones es que los miembros de una familia dejan de comunicarse entre sí o de sentar la unión que debe caracterizarlos.

Otras veces tienen discordias producidas por herencias de bienes materiales, y lo que significó parte de la vida de uno pasa a ser un recuerdo triste suplantado por divisionismos e incomprensión que los lleva, al final, a no sentir ese sentimiento familiar que los había unido anteriormente. ¿Cuántas veces vemos hijos que no visitan a sus padres, que no saben ni cómo viven ni cuáles son sus necesidades? ¿Cuántos cuentos no existen actualmente sobre hijos que les arrebatan a sus padres los 100 a los 70 que les proporciona el Gobierno a esos mayores para que, aunque sea, compren sus medicinas o llenen algunas necesidades? Hoy no es lo mismo que antiguamente cuando las familias permanecían unidas; hoy cada uno anda por su lado, y muchas veces a los jóvenes no les interesa saber de sus padres mayores.

¡Qué triste es esta situación que pudiera evitarse, pero que hace que esos mayores permanezcan solitarios, sin el cariño de sus hijos y nietos porque cada uno anda por su lado y ni se ven ni se relacionan! Si los hijos recordaran su infancia, cuando sus padres hacían todo por ellos, les enseñaban lo elemental y lo grueso; les inculcaban valores y dependían de esos padres totalmente, serían capaces de regresarles esos cuidos cuando ellos están en su vejez y se invierte la necesidad de cuidado y atención.

Pero los jóvenes trabajan mucho, tienen nuevas amistades, diferentes intereses y esos viejos quedan desamparados sin cariño y sin ver satisfechas sus necesidades básicas.

Conozco casos de hijos jóvenes que traen a sus padres a vivir con ellos, pero los vuelven esclavos de las labores de la casa y la atención de los hijos, como si no fueran ellos los obligados con los padres. Pero aun así, no hay amor más completo que el de los padres. Es un amor desinteresado, dispuesto a dar sin pedir recompensa y esperar que siempre se lo agradezcan.

Hoy las familias están desperdigadas y veo con dolor las necesidades que pasan los padres. Por fortuna, pertenezco a una familia en la que todos somos uno; en la que el problema de alguno lo resolvemos entre los demás. Sentimos que nuestros corazones laten al unísono y que lo bueno o lo desagradable de uno lo es de los demás. La alegría de alguno de nuestros

miembros de la familia es la de todos y así nos sentimos orgullosos de pertenecer a la misma.

Lamentablemente, hoy las familias no son tan sólidas como las de antes; cuántas familias se dispersan, se desbaratan, no son unidas y los hijos crecen con problemas emocionales por la falta de comprensión de los padres. Estos se insultan y se gritan delante de los hijos causándoles traumas emocionales sin que ni siquiera se fijen en ello.

Privan los malos ejemplos que hacen que esos hijos crezcan como árboles torcidos por falta de abono y de cuidado. Y así tiramos a la vida muchachos con problemas que los hacen caer en drogas, en pandillas y en vida equivocada. Igual sucede cuando los padres abandonan a las madres y a los hijos y estos quedan al garete para toda la vida.

A esta edad que tengo, quisiera que las familias se reforzaran más, se consolidaran como debe ser para que no tengamos que lamentar luego los resultados de una actuación errada para siempre.

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Viernes 14 de agosto de 2026