El Vaticano y Panamá: expectativas múltiples
Al querer encontrar un título para este escrito tuve que recurrir al que mejor me pareció, según las circunstancias que vivimos: vivimos expectativas. Desde luego, tras la renuncia sorpresiva como Sumo Pontífice de la Iglesia católica de su santidad Benedicto XVI, y de todo lo que siguió en cuanto a las nuevas ceremonias que se fueron sucediendo por el hecho de la renuncia a tan alto cargo, como que no hubiese ningún manual de procedimiento, y había que ir improvisando, pero todo lo que se hizo era lo que se debía hacer, convocar a todos los cardenales del mundo, reunirlos con el sumo pontífice y celebrar con él los últimos actos como pontífice, y luego el bucólico retiro a Castel Gandolfo para dedicarse a la oración por su Iglesia.
La expectativa ahora es el cónclave con todos sus secretos pontificios, con todas las normas prescritas de donde saldrá el nuevo pontífice, cuyo nombre y personalidad lo sabremos entonces, por el momento todo son suposiciones. Dios Padre y su hijo Jesucristo, que han guiado a la Iglesia hasta ahora, lo seguirá haciendo. Así lo creemos. Es verdad que la renuncia del pontífice, hecho inaudito, obligó a ir de nuevo a la historia de los papas y comprobar que otras renuncias papales ya se habían dado hace cuatrocientos años.
Luego toda la historia subsecuente de los tres papas y el Cisma de Avignon y cómo, a pesar de todo, la Iglesia romana sobresalió y siguió hasta nuestros días. Ciertamente, la renuncia de Benedicto XVI, aunque ha despertado un fervor entre los católicos del mundo, para sorpresa nuestra también ha surgido una especie de persecución, al renovarse los ataques sobre la corrupción dentro de la Iglesia; también han surgido programas, sobre todo desde afuera, que retoman los temas del celibato de los sacerdotes, del sacerdocio femenino, de los casos de pedofilia, del matrimonio [B]gay[/B], del aborto, del uso del condón, etc.
Creo yo que aunque la Iglesia cediera en esos puntos, no veo en qué sentido se resolverían los problemas del mundo actual. Los puntos de vista de la Iglesia seguirán sostenidos con la misma tenacidad que la primera. El problema de la maldad de muchos de esos temas es que el mal no está en las sábanas.
Fuera de los aspectos negativos que han surgido con motivo de la renuncia del pontífice, de las religiones hebreas, musulmanas y otras, surgieron testimonios honrosos de admiración y reconocimiento como hombre de Dios y especie de profeta de la paz en nuestros tiempos. Por tanto, cuando estén convocados todos los cardenales que tengan menos de ochenta años, entonces comenzará el cónclave. Esta es una expectativa que se está llevando a cabo. La otra es totalmente diversa, es una expectativa local en el mundo de las elecciones que se acerca y que ya prendió motores. Se trata del Pacto Ético Electoral que ha propuesto la mediadora Iglesia católica, dado el clima que se avecina y que ya conocemos que si no se hace y se previene con antelación, luego será muy tarde porque ya nos conocemos, y mejor es prevenir que lamentar, pues no queremos repetir prácticas sucias del pasado que tanto daño hicieron al mundo político.
Se ve necesario que por lo menos se haga el intento de querer evitar la política sucia. Eso no quiere decir que con solo firmar un pacto ya está todo resuelto, coincidimos con los que dicen que el pacto tiene que ser en conciencia y personal, tanto para los partidos políticos como para los candidatos a puestos de elección. Hay quienes dicen que no tienen necesidad de esos pactos como si fuéramos arcángeles, no somos arcángeles, somos panameños y ya sabemos que cuando se suelta la política sucia nadie nos gana en sacar trapos sucios, y en actitudes de violencia, más aún creemos que la era de los varilleros, los codepadis, los boinas negras, los pie de guerra, los gladiadores, etc., son cosa del pasado y que poco ayudaron a la República a desarrollarse adecuadamente.
Es de esperar que los panameños mostremos nuestros mejores quilates y que propiciemos con pacto o sin pacto una atmósfera electoral que quede como ejemplo a otros países. ¡Ojalá así sea!