El VIH: una lucha interminable
El VIH podría ser considerado un terrorista en nuestros tiempos, que se oculta de forma sigilosa en los cuerpos de personas inocentes en donde empieza su replicación viral, mermando de forma lenta el sistema inmunológico de la víctima, exponiéndola así al desarrollo de infecciones oportunistas y eventualmente fatales.
Plantea a su vez una grave amenaza al desarrollo, al reducir el crecimiento, debilitar los gobiernos, destruir el capital humano, desalentar las inversiones y erosionar la productividad. Socava los esfuerzos de los países para reducir la pobreza y mejorar los niveles de vida al ensanchar las diferencias entre ricos y pobres debilitando la seguridad socioeconómica de tales países.
Según cifras de la Organización de las Naciones Unidas, se estima que en la actualidad hay más de 40.2 millones de personas que viven con el VIH. Cerca de una tercera parte de estos individuos tiene entre 14 y 25 años, y la mitad de los 7 millones de personas que quedaron infectadas en años anteriores tenían menos de 23 años.
Nuestro país no escapa a esta trágica realidad. Según cifras del Ministerio de Salud, de 1984 a la fecha han muerto más de 10,000 personas; de las cuales un 75% oscilaba entre las edades de 19 a 40 años de edad, afec-
tando directamente a la población productiva de Panamá. Una de cada 100 personas estaría infectada por el mortal virus, lo que significa que en una población de más de 3 millones de personas, 40 mil personas podrían estar infectadas.
Los objetivos por cumplir para ganar la lucha contra el VIH deberán ser demostrar la capacidad de liderazgo y determinación a todos los niveles, especialmente entre los líderes nacionales, desterrar el estigma en torno al sida, establecer estrategias para combatir la epidemia y atribuirle la prioridad que le corresponde en los presupuestos nacionales. Los jóvenes necesitarán del apoyo decidido de sus familias y comunidades para modificar su comportamiento y lograr su autoprotección. Es imprescindible, ante todo, que los que viven con el VIH participen en el combate.
Involucrar a las instituciones sociales y eclesiásticas de nuestro país para que ayuden a nuestros jóvenes que están expuestos a mayor riesgo de infección, de los conocimientos y el poder para protegerse a sí mismos, emprendiendo campañas de concienciación a gran escala y proporcionar acceso a los servicios de asesoramiento voluntario y uso apropiado del preservativo. Por último, para facilitar la atención y el tratamiento de todas las personas infectadas, habrá que establecer sistemas de salud pública más eficientes y amplios.
Profesor de Español.