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Eladio, el alcalino


Si hay un ciudadano en este país que es terco y consecuente con sus actos, ese es Eladio Fernández, el incansable dirigente de los jubilados y pensionados.

Y lo peor para el gobierno de turno, es que “Don Eladio” pese a estar sobrado en años, tiene buena memoria y no olvida ninguna de las promesas realizadas por el presidente Ricardo Martinelli durante la campaña, en materia de pensiones.

El ex policía y colaborador del desaparecido DENI, “ni se vende ni se raja” y cada semana provoca un descomunal tranque en la capital, el cual celebra al ritmo de música y arengas, y clausura con una gigantesca “olla de sopa” sin presa.

Las protestas de los jubilados no cesarán mientras el gobierno no responda a sus reclamaciones. Martinelli prometió según Eladio, un aumento en las pensiones de B/75.00 y ahora quiere pasar agachado.

Tremendo problema tiene cualquiera que se atreva a hacerles promesas tanto a niños como a viejos y no las cumpla. Y peor aún, si el que espera el reconocimiento tras bastidores, es un viejo Eladio, equipado con baterías alcalinas.

La pensión que recibe cada jubilado, es una miseria. Frente a esta perspectiva, la jubilación en Panamá más que un premio, parece un castigo.

Según el dirigente, no hay dinero para aumentar las pensiones a los jubilados ni para comprar medicamentos, pero si para aumentar los salarios de altos funcionarios de la CSS y para adquirir autos de lujos en las instituciones de salud.

La comisión nombrada por el Ejecutivo, para resolver el problema, parece haber encontrado la fórmula. Se espera que para los próximos días se haga público el anuncio que logre calmar el espíritu intransigente e inquisidor de Don Eladio.

Es casi imposible “marear” a Eladio a estas alturas del partido. Si lo que busca el gobierno es ganar tiempo y retardar la promesa de aumento en las pensiones, el caos en las calles y avenidas crecerá en noviembre y diciembre, meses de gran movimiento comercial en Panamá.

Es una pena jubilarse en este país, donde la pensión no te alcanza para viajar y vivir una vida digna, como pasa con los jubilados de otros países.

Dios quiera que no se le acaben las baterías a “Don Eladio, el Alcalino”, y alcance a ver su sueño de una vida mejor para los más de 170 mil jubilados del país, que hoy viven en la pobreza, producto de una pensión de hambre.