Elecciones 2014: nada está dicho por el momento
En el análisis apropiado de las coyunturas políticas siempre es bueno, siguiendo el consejo de Kant, no solamente advertir el fenómeno, sino también el noúmeno. Es decir, distinguir entre apariencias y esencias. No solamente debemos estar en capacidad de conocer cómo se desentraña la mera lógica formal de las cosas, sino también cómo penetramos los problemas en sus esencias. Esto no es más que saber encontrar la sustancia política de los comportamientos y circunstancias que acontecen en el esquema político cuyo diseño nos viene dado por el marco o contexto constitucional y, añadiendo a ello, también por el mismo escenario de cosas sin divorciar a este del pasado que le sirve de precedente o antecedente.
En ese orden de ideas, en entrega pasada, tratamos de ponderar un análisis concreto frente a las circunstancias concretas de lo que acontece en nuestro mundo político. Efectivamente, por el partido gobernante resultó electo el señor José Domingo Arias. No pocos analistas políticos han
salido a la palestra, en pro de su desfiguramiento y por ello lo han tildado de ser un candidato que se encuentra bajo la égida o el paraguas del gobernante Martinelli. Dicho así, de sencillo, pudiera ser, bien podría ser. Sin embargo, no creo que éste sea un argumento para desdibujar al candidato.
Pienso que el señor Arias tiene una carta de presentación que mucho le ha de servir en la conciencia cívica del pueblo panameño. A mi juicio, se trata de un hombre que no tiene pasado político, con lo cual quiero decir que no hay por dónde rebuscarle un rabo de paja para despotricar en su contra y, quiérase o no, se trata de una cara nueva en el escenario o tinglado electoral. Tengamos presente que, precisamente, este ha sido uno de los argumentos que se han venido sosteniendo en nuestra sociedad en cuanto se reprocha de algunos candidatos que son “un poco más de lo mismo”. Este, sin duda alguna, es un buen aval de presentación del candidato Arias.
Operan en su contra, a mi parecer, otras cosas. Entre ellas: el candidato Arias debe propender a depender más de su haber o capital, novicio, en la política que resguardarse o cobijarse en el manto Martinelli que, quiérase o no, sí ha logrado construir un liderazgo social, sobre todo en las masas que se cansaron de “siempre lo mismo” y con su consigna de “muchas obras en cuatro años”, ha logrado enquistarse en la psiquis ciudadana como una consigna de verdad. Sin embargo, Arias debe ponderar un futuro gobierno de verdadera independencia o influencia martinelliana, de ser un instrumento al servicio del continuismo o presentarse como un niño mimado y consentido por las actuales estructuras del poder político. Uno de los retos que tendrá que enfrentar Arias habrá de ser el siguiente: ¿Se darán investigaciones por supuestas irregularidades de malos manejos, de llegar a ser usted electo presidente del país? Qué responderá el candidato Arias? Veremos.
En otra dimensión de cosas, Navarro sigue siendo el hombre de las preferencias populares. Lo que para Navarro deviene en una bondad, para Arias constituye un motivo de aflicción. Por eso se ha dicho que tiene una enorme cuesta que subir. Por cierto, bastante empinada. Navarro no puede darse el lujo de permitirse que se siga pensando que su oposición es muy “lite”. Debe ser más contundente, más denunciativo, contradictor, agresivo. Los discursos gélidos, como lo he calificado, evidencian frialdad y el pueblo puede conjeturar cierta complicidad con el poder político en turno. Es decir, si Navarro no afinca y mueve el pedal de auténtico y legítimo opositor, puede, sin darse cuenta, estar mandando agua política, muy fresca y clara, para el molino de Arias. En cuanto a Varela, debo decir que aún no logra convencer a nadie de que sea opositor, por mucho esfuerzo que hace.
El presidente Martinelli tiene que distanciarse de Arias. Poco bien le hace al candidato estando cerca de él o promoviéndolo. Recordemos a Torrijos cuando hizo gala de su “repliegue” y dejó, supuestamente, que el presidente gobernara y que él no se entremetería en la cosa política, aunque todos sabíamos que el general seguía mandando. Pero tengamos presente que la mujer del César no solamente debe serlo, sino también parecerlo.
El continuismo que debe vender Arias no debe ser el del continuismo político, sino el continuismo del progreso y el desarrollo, el del crecimiento económico y del bienestar social. Carácter y personalidad pueden ayudar mucho al candidato Arias. Demuéstrelo. Pero, por otra parte, aconsejo al amigo Navarro que despierte de sueños triunfalistas. En política no cabe el descanso ni la tregua.