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Elecciones y poder, en declive

Por: Redacción 09/09/2014

Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

Lo cierto es que 2014 es un año que, en materia de política y elecciones, confirma la tendencia histórica global de lenta pero firme disminución del poder político en favor de las personas. Costa Rica y El Salvador abrieron el calendario electoral el 2 de febrero, con el costarricense Luis Guillermo Solís, del centroizquierdista Partido Acción Ciudadana, triunfando en el balotaje del 5 de abril con el 77.9% de los votos. En El Salvador, el candidato oficialista Salvador Sánchez Cerén, del izquierdista FMLN, también se impuso en segunda vuelta el 9 de marzo por solo el 0.22%.

Luego en el calendario siguió Panamá, el 4 de mayo, cuando triunfó el opositor Juan Carlos Varela, del conservador Partido Panameñista. Por último, en Colombia, Juan Manuel Santos consiguió la reelección, también con balotaje. En todos los casos fue sumamente llamativa la abstención. En Colombia más del 50% no fue a votar. En Costa Rica casi el 43% no concurrió a las urnas en la segunda vuelta y en El Salvador, en la primera, fue de 45%. La excepción fue Panamá con un 76.77% de participación, aunque vale recordar que el voto es obligatorio.

Otras tres elecciones sucederán en octubre: el 5 en Brasil, el 12 en Bolivia, y el 26 en Uruguay. En Brasil, la sorpresa no es poca. La perspectiva de que la presidenta Dilma Rousseff sea derrotada ha alentado una corriente alcista en la Bolsa. De acuerdo con un sondeo encomendado a la consultora Ibope, la intención de voto de Rousseff para las elecciones del 5 de octubre llegaría a 37%, en tanto que la de Marina Silva, candidata presidencial tras la muerte accidental del socialista Eduardo Campos, al 33%. Dado este empate, la presidencia tendrá que ser decidida en una segunda ronda prevista para el 26 de octubre cuando la líder ecologista y candidata por el Partido Socialista Brasileño (PSB) vencería con el 46% de los votos, frente al 39% que obtendría la jefe de Estado postulada para un segundo mandato por el oficialista Partido de los Trabajadores (PT).

LA CRECIENTE ABSTENCIÓN DE LOS CIUDADANOS EN LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA REFLEJA EL HARTAZGO DE LA GENTE CON “EL PODER”, LO QUE OBLIGA A LOS “PODEROSOS” A MODERARSE SO PENA DE SUFRIR LA CONDENA SOCIAL.

En Bolivia, Evo Morales sería reelecto fácilmente, ya que no se vislumbra ningún opositor que pueda hacerle sombra. En Uruguay, el expresidente Tabaré Vázquez, del oficialista Frente Amplio, lidera las encuestas, pero la distancia se acorta con Luis Lacalle Pou, del Partido Blanco, por lo que se prevé una segunda vuelta. En cuanto a Evo, existen fundadas objeciones referidas a la inconstitucionalidad de su tercera reelección consecutiva, sin embargo, fue declarada válida por el Tribunal Constitucional. Morales preside un país con una economía relativamente estable y en crecimiento. Durante su gobierno, ha logrado controlar la Asamblea Legislativa y los poderes Judicial y Electoral. Y los candidatos oficialistas se mantienen en el poder, durante la campaña, abusando de los medios públicos con fines proselitistas.

Hay tres cuestiones que surgen claras en este análisis. En primer lugar, la creciente abstención de los ciudadanos en la participación política refleja el hartazgo de la gente con “el poder”, lo que obliga a los “poderosos” a moderarse so pena de sufrir la condena social. En segundo lugar, cada vez resulta más claro que la “independencia de poderes”, que pretenden algunos, es utópica y la verdad es que parece lógico que ninguna parte del Estado -Ejecutivo, Legislativo o Judicial- sea independiente de la otra y menos de la parte que financia. Y tercero, es también utópico creer que la política sea incorrupta: utilizar una posición dentro del gobierno es corrupción desde que desvía para sí recursos que deberían favorecer a todos.

Por otro lado, es bueno ver que, lentamente, las izquierdas o populismos autoritarios se van moderando al ritmo de las personas que van notando que “el monopolio de la violencia” -el Estado- lejos de ser el salvador, más bien, pareciera que muchas veces entorpece.

Otra buena noticia es que los golpes militares están cada vez más lejanos, sobre todo en países como Venezuela, donde los militares ocupan altos cargos dentro del gobierno —gobierno militarista si los hay, al estilo cubano— y, consecuentemente, no harían un golpe contra ellos mismos.

 

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Viernes 7 de agosto de 2026