Eleuterio, impresiones campesinas de la guerra salvadoreña
Complejo es realizar investigaciones antropológicas de campo con comunidades selváticas, campesinas o barriadas urbanas. Debe contarse con informantes confiables, guías conocedores del terreno y sus gentes. Tarea más compleja en medio de una guerra civil y un proceso de reforma agraria.
En 1988, evalué el proyecto de viveros comunales en El Salvador, para introducir entre el campesinado una cultura del cultivo de árboles de rápido crecimiento que les diesen madera, leña y carbón. Era el octavo año de la guerra civil la cual intensificó el proceso de reforma agraria que intervino grandes haciendas y empresas agroexportadoras.
En medio de la violencia afloraba una tenue consciencia ambiental. En los diarios, la radio y la televisión el mensaje era ´siembra un árbol con amor por El Salvador.’
Radio Cuscatlán, entre cumbias y merengues, arengaba a los soldados del ejército sobre su vital papel en la lucha contra el comunismo, su heroicidad, su valor y la deuda del país hacia ellos.
Los ‘coyotes’ que dirigían la creciente marea de indocumentados hacia Estados Unidos ofertaban sus servicios en los clasificados de los diarios. Garantizaban buen servicio, seguro y éxito de llegar al destino. Los más populares, Los Angeles vía Guatemala y Tijuana o Houston. Abono inicial, 450 a 2000 colones ‘aquí ´, la otra mitad ‘allá’. Otros cobraban todo ‘aquí’, antes de partir para ‘allá’.
Con Hugo y Modesto, nuestros colegas salvadoreños, ponderamos la situación militar. Grave al norte, sur y oeste. Iría a occidente, más seguro. En Santa Ana entrevistaría a pequeños propietarios, a ‘finateros’ colonos y arrendatarios de haciendas intervenidas por la Financiera Nacional de Tierras, Finata, y a extrabajadores de fincas agroexportadoras beneficiarios del ISTA, Instituto Salvadoreño de Transformación Agrícola.
Ángel, veterano conductor, me llevó a Candelaria de la Frontera y Ojo de Agua por la Panamericana. Con frecuencia la guerrilla emboscaba el ejército. De noche nadie manejaba salvo grave urgencia. Un día nos atrasamos con unas buenas entrevistas. La familia campesina nos alertó que rondaba gente armada. No sabían si del ejército, la guerrilla o bandoleros. Retornamos bajo un diluvio temiendo nos emboscasen por andar en jeep oficial o explotara una mina. En los 100 kilómetros hasta San Salvador solo topamos con dos camiones.
En la antigua hacienda San Antonio, cantón de Natividad, entrevisté a Eleuterio Guzmán beneficiario del decreto de ley 207, que intervino la hacienda vendiendo parcelas a los campesinos que habían sido colonos y arrendatarios.
Hablamos de su vida, la agricultura, de reforma agraria, la guerra y el vivero.
“Nací el 20 de febrero de 1922. Soy criado en el cantón Primavera, jurisdicción de Santa Ana. Yo no me he criado con papá, me crié con mi mamá. He aprendido a trabajar la agricultura yo solo, primeramente Dios y después yo. He aprendido muchas cosas. Teniya, creo, siete hermanos. Mi papá era carpintero y trabajaba también la agricultura de milpa. Cuando el murió teniya yo apenas seis años.”
“Mire, aquí no hay quien trabaje tierras propias, es raro. Algunos tienen su pedacito donde vivir, nada más. Solo en estos tiempos, en el 86, se han beneficiado de las tierras, estas. Antes eran arrendatarios de la Hacienda San Antonio. Aquí viene gente hasta de Ceiba Preñada a trabajar tierra aquí. Aquí hay 86 arrendatarios.”
“Ahorita hay que tener recelo con la gente por el tiempo que está malo. Si uno se pone a discutir con una persona le dice ‘te voy a denunciar’ y lo denuncia. Lo vienen a sacar a la casa a uno y lo matan. Solo dicen ‘mataron a fulano’. Ahora requiere un especial cuidado vivir en este lugar. Antes no. Cuando yo entré al evangelio íbamos a cultos y yo salía a la una de la noche. Yo solo en lugares lejos de mi casa. La gente lo encontraba a uno y no había problema. Hoy no podemos salir de noche, hay mucho ladrón. Se hacen grupos, conocen a una persona, ya la están esperando. Lo matan y se le meten a la casa. Estos ladrones se halagan que son de la subversión y son ladrones.”
“Está la subversión, pero esos hombres no friegan a la gente. La guerrilla viene haciendo la guerra, pero si llegan a una casa lo que hacen es pedir comida y pagan. Pero no andan a sacar la gente. Ahora, si lo malinforman sí. Si les dicen que uno es de las Fuerzas Armadas, se lo quiebran. Allá a la casa donde yo, llegaron dos veces. Uno me hizo una pregunta ´Usté con quien es más, al lado con la guerrilla o las Fuerzas Armadas’. Les dije con ninguno. Yo no soy ni uno ni otro. Soy del evangelio y lo que hacemos es pedirle a Dios que los guarde a unos y a los otros. Aquí somos neutrales.”
Ivestigador y escritor