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Eleuterio y José Reutilio, visiones ambientales salvadoreñas

Por: Redacción 11/07/2017

Complejo es evaluar proyectos forestales. En 1988, estudié a campesinos salvadoreños que participaron en un proyecto para promover el cultivo de árboles de rápido crecimiento que pronto les diese madera, leña y carbón. Era octavo año de la guerra civil y la reforma agraria.

Muchos atribuían el fracaso de los primeros proyectos de reforestación del país, 1960-70, a la cultura forestal negativa del campesinado. Creencia debía sopesar. Por fortuna, entre mis informantes conté con los testimonios de dos salvadoreños muy disímiles, pero con visiones complementarias de la realidad que buscaba entender.

Antes de partir al campo me urgía adquirir una visión amplia de la historia salvadoreña. Mis colegas en el Catie me decían ‘habla con José Reutili’, entomólogo senior de la institución. Me recibió en su oficinita atestada de artículos científicos, libros y escritos. Había nacido José Reutilio Quezada en Quetzaltepeque, 1930. De maestro se graduó en 1951. Doctorándose en entomología, 1965-69, en la Universidad de California en Riverside. Años en que yo hacía mi licenciatura en antropología en UCLA. Además de sabio era uno de los padres del ambientalismo salvadoreño.

A pincelazos me dibujó tres siglos de historia económica y ambiental de su país. Cubierto otrora de extensos bosques. Al norte, pinares y robledales. A noreste bosques nubosos y pinares. Selvas en los valles y cordilleras del centro, coníferas en los volcanes. En la costa, bosques tropicales y manglares en los esteros.

Creció la población. Para cultivar maíz y frijol y los tres grandes cultivos de exportación-café, caña y algodón-se deforestó la tierra. Al norte para criar ganado y añil. En los valles centrales para maíz, frijol, caña de azúcar y café. El café salvó la ecología. Para cuidar los suelos se plantaron árboles de sombra, surgiendo el ecosistema cafetalero. Tras la segunda guerra mundial el oro blanco, el algodón, acabó con los bosques costeros.

Ahora el paisaje era uno de tierras erosionadas, de ríos sedimentados y sin caudales en verano.

Eleuterio Guzmán, campesino sin tierra y analfabeta, había nacido en 1922. Había sido arrendatario de la hacienda azucarera San Antonio. Al intervenirla la reforma agraria compró cinco manzanas de tierra. Participó en uno de los primeros viveros comunales en El Salvador. Esto me narró de sus vivencias y de sus creencias.

“Desde niño he visto muchos cambios. Aquí todos estos rumbos eran montañas. En este lugar, en estas montañas, habían tigres, venados, micos, porque eran grandes arboleras. Todo eso se terminó.”

“Todos estos cañales del río antes eran arboleras de cedro. Hoy se acabaron. Todas las aserraron. Esto fue una hacienda muy grande, miles de manzanas, habían miles de colonos ayudándole a los señores en los cañales. Les daban sus pedacitos de monte para que tuvieran sus milpas. Vivían dentro de la hacienda. Mi papa aquí vivió, fue colono, cuando se fue de ahí compró en La Primavera. El colono aquí tenía que hacer la obligación diariamente en la hacienda, fuera que rozaran caña y estare en el ingenio, también y le daban su piazo para que hicieran su milpa en las lomas. Les daban esas tierras para que trabajen. Les cobraban un censo, si daban 10 tareyas le cobraban una arroba por tareya de grano. Una cosa muy poca, antes.”

“Conozco pocos árboles silvestres. El almendro, cedro, laurel, guachipilín, maquilihuat, aripín, todo eso conozco. Entre todas las maderas el cedro es la madera más buena para carpintería, mueblería. El laurel es bueno también. Otra clase de árbol bueno, el volador, para construcción de casa, me gusta. El maquiligue se saca tabla y se puede hacer mueble. “

“Un árbol lo siembro 12 de luna porque da más luego. Cuando ajusta la luna 12 días de nacida. La luna tiene contacto con lo de la tierra, es un astro vivo y la tierra es viva también. Al sembrar un árbol en esa fecha y usted corta el cogollo, a los tres años ya es que está dando cosecha el palo frutal. Los otros palos no le buscamos efecto de luna para sembrarlo. Para la costa sí. Cortarlo en luna tierna se pica, le entra un animalito. Se corta de mañanita, de luna llena en adelante. Porque el árbol al cortarlo en la mañana tiene mucha agua y le sale el agua. Hay tiempo de luna que no se puede sembrar, ni tampoco botarlo un árbol porque se pica. Yo acostumbro sembrar un árbol de 12 de luna y botar en llena de luna.“

“De los árboles silvestres el cedro lo cuido yo, donde quiera nace. Es un palo de los mejores y ahí tengo un surco sembrado. Donde tengo sembrado café, tengo sembrado esos árboles de ustedes porque son buenas maderas y ligero dan. Yo de plantas medicinales casi que de eso no tengo yo, casi que no sabemos.”

Antropólogo

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