Eliges al político, no al consultor político
Desde mucho tiempo atrás, grandes consejeros enrumban y moldean campañas y candidatos en todo el mundo para que al final logren el objetivo: ganar la conducción del Estado. De David Axelrod y Karl Rove se dice que llevaron a la presidencia de los Estados Unidos a Barack Obama y a George W. Bush, respectivamente. Se dice rápido, pero no funciona así. Primero debo explicar que ambos, antes de trabajar para una contienda presidencial, fueron operadores políticos. Les tocó entender las interioridades de los principales movimientos políticos norteamericanos y trabajar en campañas menores en distritos electorales. Estudiaron mucho y recorrieron un largo camino para llegar a la fama.
Me llama la atención cómo en Latinoamérica aparecen algunos “gurús” que, recomendados por algún asociado, terminan “asesorando” directamente al candidato presidencial sin jamás haber hecho ningún trabajo en el país en turno. Hasta en algunos casos ni siquiera conocían el país previamente.
He visto de todo. Desde grandes charlatanes hasta embaucadores de la palabra. Uno se atrevió a decirme que había perdido porque el partido político le había puesto a disposición una encuestadora que le mentía. Y lo peor es que el tipo insistía en decirme que había ganado aquí y allá.
Si uno busca en las redes sociales, verá que cada candidato ganador ha sido asesorado por al menos unos 10 consultores políticos de diferentes nacionalidades. Eso es totalmente improbable. Uno de los que sí sabe de estas cosas me comentaba que lo que hacen es ofrecer sus servicios y envían un reporte sobre su apreciación de la situación del candidato para solicitar una reunión. Posiblemente no sean contratados, pero ya con esa reunión más el “consejo” no solicitado, es suficiente para ponerlo en sus hojas de vida.
El procedimiento de estos “grandes estrategas” es el de generar mucho ruido alrededor de una campaña ganadora para que todos sepan que ellos estaban ahí. Olvidar que el candidato es el cliente y no al revés parece no importarles.
Tanto David Axelrod como Karl Rove eran unos perfectos desconocidos hasta que sus candidatos ganaron las respectivas contiendas. En Latinoamérica, muchos consultores políticos operan para que sus nombres circulen más que los de sus clientes.
Algunos son especialistas en tomar campañas que están casi ganadas o que la única razón por la que algo pueda estar funcionando mal sea coyuntural.
De los que sí saben cómo se hacen las cosas, a mí me gusta el estilo del argentino Carlos Fara o del ecuatoriano Oswaldo Moreno Ramírez. Seguro usted nunca ha escuchado esos nombres, pero créame que en los círculos políticos de toda la región sí saben de qué estoy hablando. Es el cliente el que debe sobresalir y ganar. No el consultor.
Me gustaría saber cuándo se decidió hacer de nuestra elección una competencia de consultores políticos. Sus nombres aparecen constantemente en nuestros medios de comunicación, sus biografías, sus ejecutorías, etc.
Lamentablemente, en nuestro país aún no hay una cultura democrática lo suficientemente robusta para entender el verdadero papel de un consultor político. De hecho, hay varios que podrían dar cátedra en muchos otros lugares del mundo. Marío Rognoni, Edwin Cabrera, Héctor Alemán, Jimmy Papadimitriu, Alejandro Fernández y Juan Carlos Illueca son algunos ejemplos.
Es imposible asesorar a un candidato con total precisión si no se entiende el terreno electoral, el fenómeno poblacional y la interna de los partidos políticos locales. En Panamá, cada corregimiento tiene características diferentes, aún los más urbanos. No importa cuántas herramientas informáticas usted tenga. El conocimiento en el terreno de los activistas de cada calle y cada barrio hace la diferencia entre la victoria y la derrota.
Cuando se entiende esto, es que se sabe por qué el mismo partido político siempre gana las elecciones de diputados, alcaldes y representantes de corregimientos en Panamá. Las victorias de los candidatos presidenciales son un trabajo de al menos 5 años. Y no necesariamente del propio candidato. Si su estructura ha hecho el trabajo, todo es más fácil.
Me impresiona cómo se confía ciegamente en muchos publicitados consultores extranjeros cuando el trabajo ya estaba hecho. Partidos políticos como los nuestros, que tienen más de cuatro elecciones y varios referéndums no necesitan de un genio del extranjero para que les explique cómo se deben hacer las cosas. Es cierto que siempre se requiere una mirada imparcial y fresca, pero si ya le pagas, difícilmente te va a decir que tienes ninguna opción de triunfo sin antes llevarte hasta el borde del abismo, para finalmente abandonarte por “no seguir sus indicaciones”. Están avisados.