¿Eliminar la pobreza para el 2030?
Alejandro A. Tagliavini /Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity
Según la Cepal, en América Latina entre 1982 y 1989, la pobreza aumentó del 40.5% al 48.4% (de 136 a 204 millones de personas) que luego, durante los noventa, dadas "las reformas estructurales", se redujo pasando del 48.4% al 43.8% entre 1990 y 1999. Destaca Chile que, de casi 50% de pobres en 1988, pasó al 6% a comienzos del siglo XXI. Debido al boom de las materias primas entre 2002 y 2013, los países crecieron a ritmos del 5/6% reduciéndose del 43.9 al 28% la población pobre, mientras que el índice Gini de distribución del ingreso cayó 10%, del 0.542 al 0.486. La región pasó de tener casi 190 millones de pobres, a comienzos del siglo XXI, a 138 en 2012, el 25.3% de los 528.3 millones de habitantes, según el PNUD que destacó que entre 2000 y 2012, Bolivia fue el país que más redujo la pobreza en Sudamérica: 32%.
Dado el fin del auge de las materias primas, la crisis de la UE, el menor empuje de China y el lento crecimiento en EE.UU., América Latina crecerá solo 0.5% en 2015 y con ello se ralentizará la reducción de la pobreza que afectaba en 2014 al 28% de la población de América Latina, estancado en ese nivel desde 2012.
Días atrás, en Adís Abeba, se realizó la Tercera Conferencia de Financiación para el Desarrollo, de la ONU, para "fijar el marco para la financiación de la agenda de desarrollo para los próximos 15 años", con el fin de erradicar la pobreza y el hambre y reducir la inequidad social, con el endurecimiento de la presión tributaria.
Tomemos por caso Argentina. La presión fiscal habría llegado en 2014 al 35.1% del PIB. Así, en 2015, el fisco se lleva entre 47% y 62% del ingreso total de una familia media, según sus ingresos. Ahora, estos cálculos se refieren a lo que debería pagar un trabajador al fisco y no tiene en cuenta que los impuestos, aun cuando teóricamente sean dirigidos a los ricos, son derivados hacia abajo. Un empresario los paga subiendo precios, bajando salarios, etc. Entonces, además de los impuestos formales, los pobres pagan los de los ricos vía aumento en el costo de vida y rebaja de remuneraciones.
La recaudación fiscal en Argentina en junio pasado llegó a $140,838 millones. Sobre los pobres recae con mayor fuerza la presión fiscal y si sumamos el "impuesto inflacionario", el costo por el encarecimiento del crédito y la menor productividad de la economía, no estaríamos fuera de la realidad.
Según el Barómetro de la Deuda Social, a fines de 2014 el 28.7% de los argentinos era pobre, 11 millones de personas. La canasta básica total (que marca la línea de pobreza) costaba $6384. Entonces, si tomamos la recaudación y la dividimos por los pobres nos quedan $12800 mensuales para cada uno, siendo que a una familia tipo de cuatro personas le corresponde el cuádruple, es decir, unas ocho veces la canasta básica total.
Así, si el Gobierno dejara de recaudar impuestos, los pobres desaparecerían ?y no es descabellado creer esto aunque tendrían que hacerse cargo de la obra "pública". Pero es más eficiente que cada uno pague, por caso, el peaje en las rutas que utiliza antes que pagar hasta las que no usa a través de una burocracia estatal que se come buena parte.